13 de septiembre de 2016
13.09.2016
Opinión

El piano de Rafa Nadal

13.09.2016 | 18:01

Manacor, una y media de la tarde. El termómetro rebasa los treinta grados y la calima anuncia una lluvia que no termina de caer sobre el sediento campo de Mallorca.

A las afueras de la localidad -maderera y perlera- junto a la simbólica edificación de la Torre dels Enagistes, Rafa Nadal -15 millones de euros de inversión mediante- ha transformado su lugar de entrenamiento en un centro deportivo de alto rendimiento en cuya pista central pelotea, bajo la intensa mirada del tío Toni, el "formador" como a él mismo le gusta definirse. 

Formador en temperamento y en valores "que son para nosotros: la corrección, el respeto y la buena educación. Sin un carácter curtido para afrontar la competición más exigente, es muy difícil lograr un éxito duradero. Un carácter bien formado para soportar la dureza del esfuerzo diario, el dominio de la voluntad, el desarrollo de la capacidad de mejora y la ilusión".

Al otro lado un sparring especial: su íntimo amigo Tomeu Salva, misma edad y zurdo como él, que fue quien le "lió" a jugar dobles con Marc López, su compañero de oro en Río.

El clan Nadal está hoy al completo en esta academia de alto rendimiento en la que sesenta y cuatro jóvenes de veinticinco países, conviven en régimen de internado. Allí se combinan tenis y valores, la marca de la casa: esfuerzo, disciplina, honestidad, superación, compañerismo, compromiso, humildad y respeto. Señas de identidad de la Academia y pilares que sustentan la formación integral de los alumnos.

El objetivo de la Academia RN es que el alumno pueda seguir su carrera como tenista sin dejar de lado su formación. Se respira orden y concierto para maximizar el potencial de cada jugador de manera que tenga la posibilidad de llegar a ser un tenista profesional sin abandonar los estudios. El escrupuloso cumplimiento de las normas es prioritario para lograr un comportamiento de compromiso, convivencia y tolerancia cívica.

Los Nadal Parera, han sido dos sagas con tradición maderera.

El abuelo (fallecido el pasado año) del tenista, Mestre Rafel Nadal, de Can Guixó ("garbanzo gitano"), por el que el nieto sentía devoción, tenía un taller en la calle Ciutat, (la que enfilaba la carretera de Palma), donde fabricaba muebles por encargo -con maderas de mucha calidad, cerezo, roble, fresno, caoba y nogal- y niveles de albañil que enviaban a las ferreterías de los pueblos de Mallorca y de la Península.

Pero su mayor pasión fue la música, compartida con su hermano, flautista de la banda. Cuando murió don Antonio, director de la Banda municipal de Manacor, Rafael cogió la batuta y durante cuarenta años condujo óperas, zarzuelas y conciertos en el Teatro Principal de Palma de cuyo coro fue primer director.

Sebastián, padre de Rafa, dirige los diversificados negocios de los Nadal (hostelería, explotación de parques eólicos, producción de energía eléctrica y fotovoltaica€)

Por parte materna, los Parera, la bisabuela de Rafa fue una mujer con mucho coraje que, tras enviudar con 7 hijos, le tocó bregar mucho mientras, al tiempo, regentaba en la plaza San Jaume un mostrador de muebles "Vda. de Juan Parera", donde los que se iban a casar hacían los encargos un año antes. El taller de carpintería, en el que trabajaba el abuelo de Rafa (Juan Pedro) que era quien llevaba el negocio, despegó debido en buena parte al boom turístico. Pedro tuvo un hijo y una hija, Ana María Parera, madre de Rafa y presidenta de la Fundación, a la que va destinado una parte de lo que gana el tenista.

El piano del abuelo contará con un lugar destacado en el centro de deportes, por expreso deseo de su nieto. Será un guiño al músico que justificaba así su escasa presencia en los partidos: "llevo un marcapasos".

Una muestra más de los valores que la Academia quiere perpetuar entre quienes logren disfrutar de esta realidad, cara para los bolsillos de los afortunados -54,000 euros anuales- y magna para los manacorins, incluso para quienes pusieron pegas en su día y los que protestaron por la cesión de terrenos municipales.

¡Y es que a ver si los Nadal no van a tener derecho a ser hombres de negocio! 

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