Vicent Chilet, Roma
Alberto Sordi (Roma 1920-Roma 2003), probablemente el mejor actor cómico de la historia del cine italiano, aprovechaba la más mínima ocasión para exhibir en sus películas su afición por los colores del Roma. En El Marido (1958), film que significa el arranque del período boom de la commedia all'italiana, el gran Albertone encarna a un recién casado al que su esposa le niega a asistir a la stracittadina, como se conoce el derbi contra la Lazio: «Pero si 'Forza Roma' fue mi primer balbuceo!!», protesta Sordi. Aquel matrimonio tenía las horas contadas. Ya fuera como viudo, policía, detenido, taxista, mafioso, magistrado, médico, burgués, soldado o emigrante, Sordi recordará en dialecto romano -«Annamo a tifà Roma», «vamos a animar a la Roma»- que la Roma es su pasión.
No le faltaba razón. Sordi nació en el popular Trastevere, uno de tantos barrios donde los colores giallorossi, amarillo y rojo, son mayoritarios. Sólo en la Penestrina se anima más a la Lazio. El resto de la ciudad eterna es del Roma. El rival de hoy del Valencia tiene raíces muy profundas. El Roma nació en 1927 simbolizando la unión de tres clubes humildes contra la arrogancia del elitista Lazio, mejor equipo de la urbe desde que fuera fundado en 1900 por un grupo de acaudalados jóvenes pertenecientes al cuerpo militar. El 22 de julio de 1927 todo cambió. El diputado Italo Foschi promovió la unión del Roman FC, del Fortitudo-Pro Roma -club de ascendencia católica creado por Fray Damaso Cerquelli, tras la previa fusión del Pro Roma, Romana y Ardor- y del Alba -el más conocido de los tres, que jugaba en el mítico Flaminio y que fue fundado después de la fusión del Alba, el Esperia y el Audace-.
El AS Roma, con un árbol genealógico con siete diferentes ramificaciones, tomó forma para, en palabras de Foschi, «contrarrestar el viento del norte que jamás traerá un título de Liga a Roma». Los símbolos de la nueva squadra remiten al pueblo. En contraste con la Lazio, que exhibe en su escudo una águila imperial y que toma los colores blanco y celeste en homenaje a la Grecia olímpica, se coge el nombre de la ciudad y se viste de giallorosso, colores del Roman FC y de la bandera de la urbe. La Roma asume heráldicamente a Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad. Los seguidores, de procedencia social e ideológica variopinta, son llamados desde entonces lupi -lobos-. En 1928 se inaugura el campo de Testaccio. Lo construye el ingeniero Silvio Sensi, padre del actual presidente Franco Sensi. Los Sensi serán los grandes mecenas y dominadores del club a lo largo de su historia. Siguiendo el modelo del estadio del Everton inglés, Sensi diseña cuatro tribunas de madera pintadas de amarillo y rojo. Testaccio será la casa romanista hasta el traslado al estadio Olímpico después de los JJOO de 1960.
El Roma se convierte en un club de masas. Basta con recordar la primera stracittadina contra la Lazio. Es un 8 de diciembre de 1929 y el derbi se bautiza en la Rondinella, feudo lacial. Gana la Roma 0-1 con gol de su estrella Rodolfo Volk. Pero esa no es la noticia. La gran conmoción fue ver que el 90% de los espectadores eran... de la Roma. Con la capital perdida, es en los pueblos de la provincia del Lazio donde existen más hinchas biancocelesti. El Roma, al igual que la Lazio, tiene un palmarés escaso. 3 Ligas, 7 Copa de Italia y 1 Copa de Ferias adornan brevemente la sala de trofeos del club. Con la opulencia reservada a las tres sociedades del norte, Juventus, Milan e Inter, la pasión se dirime en los derbis.
Todo cuanto rodea a la stracittadina parece hiperbólico. El derbi paraliza la ciudad durante una semana y es una proyección del carácter sarcástico y exagerado de los romanos. La enconada rivalidad se ha decantado tradicionalmente a favor del Roma, salvo en los años 70, cuando el enérgica Lazio de Long John Chinaglia vivió su época más esplendorosa. Es en los derbis cuando más fuerte resuena el Grazie Roma, el emotivo himno del club en el que su compositor, el célebre cantautor Antonello Venditti, da gracias al equipo «porque todavía nos haces llorar abrazados». Hoy, con el Roma jugándose la clasificación europea, el Valencia lo podrá escuchar en versión estéreo.
Totti, el «crack»
Sin ningún género de dudas, el mejor jugador de la historia romanista es Francesco Totti (Roma, 1976). El actual capitán del equipo es un jugador irrepetible, con un talento técnico sólo comparable al de otros fantasisti como Sandro Mazzola, Gianfranco Zola o Roberto Baggio. El legendario Vujadin Boskov lo descubrió en el equipo juvenil del Roma y no dudó en hacerlo debutar en Serie A, con 16 años, el 28 de marzo de 1993 ante el Brescia. Totti, un icono generacional, habla con un marcado acento romano que es motivo de ironía en los programas de humor de la televisión italiana y que tuvo su episodio más célebre en la Eurocopa de 2000, en una tanda de penaltis contra Holanda, que jugaba en casa. Mientras aguardaba su turno, Francè susurró con naturalidad a Di Biaggio cómo iba a lanzar su pena máxima al meta Van der Sar: «Je faccio er cucchiaio» -«Le hago la cuchara»-. Su compañero apenas lo entendió, o prefería no entenderlo. Cumplió con tal atrevimiento, marcó e Italia apeó a la anfitriona y jugó la final. Totti, apodado Er Pupone (el niño grande) nunca ha querido salir del Roma, a pesar de las mareantes ofertas y la crisis económica de la entidad. Es el escudo del club. Es un caso único de vinculación, futbolística y sentimental, a un equipo, sólo equiparable a Pelé y el Santos o a Uwe Seeler y el Hamburgo. La Curva Sud del Olímpico lo aclama, hasta el punto que su boda con la modelo Ilary Blasi fue seguida por 1.300.000 personas en un canal de pago. Totti, embajador de la Unicef, cumplió 30 años el mismo día que el Roma jugaba en Valencia esta campaña. En el hotel de concentración su móvil no dejó de recibir mensajes de felicitación de gente cool de la sociedad romana y también del alcalde, Walter Veltroni.
Alberto Sordi murió a los 83 años, un 25 de febrero de 2003. Con la ciudad conmocionada, su entierro fue un acto multitudinario. El coche fúnebre iba decorado con dos rosas y una bufanda de la Roma. Al día siguiente, una Roma en crisis de resultados visitaba en Liga de Campeones a un Valencia en racha. Ganaron los visitantes 0-3, en una antológica noche de Totti, autor de dos tantos y que firmó una actuación memorable, perfecta. Así homenajeó Francè a Albertone. Mestalla, que entiende de justicias poéticas, le dedicó una cerrada ovación cuando Fabio Capello lo sustituyó por Fuser en el minuto 87.