Levante-EMV,
Valencia
Llíria se emocionó ayer al ver que el baloncesto sigue vivo en el Pla de l'Arc sesenta años después. Con distintos nombres como Cholek, Ferrys, Sedesa, Cibo o el actual Obradís Llíria, pero siempre con la misma esencia, el club rindió tributo a su pasado y su presente. El mismo que nació a base del esfuerzo de José María Jordán Albiach y muchos más nombres anónimos. Y aunque el inicio fue duro -aún se recuerda el primer partido, que acabó con derrota-, pronto comenzaron los laureles. Como aquel triunfo en categoría regional ante el Centuria Darío de Valcárcel por un aplastante 74-3.
Luego todo vino rodado, sobre todo de la mano de Isma Cantó, a principios de los años setenta. La cancha edetana se quedaba pequeña para ver a ese americano al que le faltaba un dedo pulgar, Wiley Brown. Hasta que aquel 25 de mayo de 1991 el Llíria ocupaba una plaza entre los grandes: en la ACB. Aquella liga descubrió a un mito, a Nacho Rodilla.
Fula
ha llevado a lo más lejos el nombre de Llíria, sobre todo en esa final de la Copa del Rey del 98, donde fue elegido MVP, y al conquistar la Copa Uleb de 2003. Pero se hizo de noche cuando el grupo descendió tras dos años en lo más alto. Y los descensos llegaron, pero sin que la ilusión se desvaneciera, como se demostró ayer.
El club no se olvidó de ningún jugador y jugadora que ha pasado por allí. Ni tampoco de los que relataron sus gestas -periodistas-. Siguieron los actos con un vídeo musical con las mejores imágenes de toda la historia para cerrarse con un partido de veteranos entre el CB Llíria y el FC Barcelona. Daba gusto ver a Nacho Rodilla, Alberto Frías, Miguel Ángel Navarro, Salva Díez, Nacho Solozabal, Jordi Dalmau o Manel Bosch. Demostrando que la entidad edetana goza de excelente salud. Y que continúe sesenta años más, como mínimo.