Levante-EMV, Valencia
Un conjunto construido con cuatro perras, que ha tenido que rechazar a jugar a Europa -Copa Uleb- porque la caja fuerte de los estudiantiles decía «no» a cualquier refuerzo de importancia. Ante eso, Mariano de Pablos -periodista de profesión-, se ha tenido que apañar con Pancho Jasen, el veterano Larry Lewis y al talento de sus dos bases: Sergio Sánchez y Gonzalo Martínez. Pero se apaña bien. Tanto, que ayer fue capaz de hacer sudar al Pamesa. Se temió por la victoria. Segundo, porque los taronja se descomponen con facilidad, como aquel parcial de 25-11 (52-46, min. 24) que hizo temer lo peor. Ahí debería mirarse el ombligo el griego, que a ratos se olvida de Albert Oliver, que deja a Shammond Williams con tres personales en el banco en momentos importantes, o que permite que los pívots se carguen de personales demasiado pronto. Ahí, tirón de orejas, porque si no llega a ser por Vule Avdalovic y Albert Miralles (21 puntos) en la anotación, Dejan Milojevic en los rebotes, y en la inspiración anotadora de Rubén Douglas que mató el partido al final cargándolo de emoción la balanza se habría decantado a favor de los madrileños, pese al trío arbitral. Para hacérselo mirar. Normal que el técnico griego no dejara de agitarse, aunque su equipo ya hubiese ganado.
Porque el Pamesa comenzó bien, muy bien. Mejor de lo que se esperaba, con una ventaja de más de 10 puntos (5-16, min. 7), pero los valencianos entraron en desgracia cuando empezaron a funcionar los locales cuando coincidieron sobre la cancha los jugadores del Estudiantes Gonzalo Martínez, el estadounidense Larry Lewis y el francés Florent Pietrus. Con este triángulo, la mejoría ofensiva de Hernán Jasen, que fue una amenaza eterna, sumado a la tranquilidad y pasividad en la que entra a menudo el cuadro dirigido por el preparador griego, del que se sentía muy seguro, el choque recobró la vida en el tercer período (56-51 m.27).
Douglas, del que no había noticias hasta que anotó y apenas había visto la canasta contraria, igualó el electrónico (59-59, min. 33) y, de nuevo, el Pamesa empezó a imponer su mayor consistencia defensiva, su mayor cantidad de recursos -a pesar de las ausencias en el juego interior como Garcés y Rebraca, porque Barac sigue inmaduro-. Además, en las filas valencianas jugaba el pívot catalán que fue un martillo pilón en ataque de los taronja.
Con Miralles tan cómodo y el resto del equipo convencido del éxito, sin el menor atisbo de duda, el Pamesa compensó la relajación que había exhibido cuando se vio completamente desahogado. Le bastó acelerar un poco y jugar con el ritmo, sobre todo en la recta final, para volver a desconectar los circuitos internos del Estudiantes, que decepcionó a muchos, a todos. Gracias a Miralles que resucitó triunfos lejos de Valencia.