Alberto Soldado, Valencia
La final del II Trofeo Batiste Ribes reabrió las puertas de Pelayo después de las mejoras afrontadas por la empresa con el fin de evitar en lo posible las molestias que su actividad parecían provocar en los oídos de algún vecino. Se ha insonorizado el lateral de poniente, parece ser que con notable éxito, tanto para rebajar el efecto provocado por las ovaciones como para evitar las corrientes de aire tan molestas en esta época del año. El caso es que las tardes del sábado vuelven a acoger el inigualable sabor de los conciertos de Pelayo, donde los más destacados maestros de este arte pelotístico-musical ofrecen su repertorio. ¿Los decibelios Pocos en el trinquete saben de esas cosas y desde luego a muchos menos se les ocurre perder el tiempo con este asunto. Aquí sabemos todos que si cierran Pelayo habrá que cerrar las fallas, Mestalla y la Fórmula Uno.Y la ciudad entera.El cartel de la final anunciaba a Genovés II, Félix y Canari frente a Núñez, Dani y Oñate. La cátedra pensó en la victoria del trío de Genovés. Y una vez más los magos de las previsiones, erraron. Ganó el trío de Núñez por 60 a 30, de manera incontestable, y lo hizo a base de aplicar las teorías más clásicas. Decía Juliet, palabra de maestro, - presente en la fiesta dedicada a Ribes- que «hi ha jugadors de pilota que li peguen per a no portar-la a cap de puesto» Ayer, unos no la llevaban a ningún sitio, desafinaron cada dos por tres, mientras otros medían los compases, aplicaban todos los matices de los reguladores y se recreaban en el disfrute de su interpretación. Genovés II sigue en las mismas de siempre: pegada poderosísima y más yerros de los debidos. Por contra vimos a un Nuñez muy inspirado y a un Dani que, en esta reaparición en el palacio de la ópera parecia Plácido Domingo. Y Oñate, créanme, dirigió que ni Lorin Mazzel. Una sinfonía.