El humilde (sub)campeón

 
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JOSEP BARTUAL

H ace unos nueve años me acerqué a un chaval tímido, en pleno desarrollo hormonal y cubierto con un pasamontañas hasta las orejas. A las ocho de la mañana hacía un frío que pelaba en el circuito de Cartagena, donde se disputaba el Campeonato de España de Velocidad. Aquel chico, que venía de ganar la Copa Aprilia 125, era la principal punta de lanza de una cantera valenciana en horas bajas. De Héctor Faubel no me sorprendió ni su determinación, ni su mirada de campeón ni nada que, a priori, revelara que estaba ante un futuro talento. Era un joven de lo más normal. Sin embargo, algo me llamó la atención: su sinceridad y humildad, dos cualidades casi extintas en el mundo del deporte. «Mis padres no son ricos y viven con lo justo. Hemos reunido el dinero suficiente para correr en este equipo y yo creo que lo puedo hacer muy bien», me vino a decir. Pero viendo aquella pequeña estructura, en el rincón más alejado del paddock cartagenero y en una carpa que apenas tapaba el aire, pensé que aquel chaval lo tenía muy complicado.
Aquel equipo fue un fiasco y Faubel a punto estuvo de quedarse en el camino. Pero Aspar vio algo en aquel chaval de Llíria y le dio una oportunidad. En realidad era un deber moral del alcireño, que debía apoyar a uno de los pocos talentos valencianos que asomaban en 1999. Pero Héctor no lo tuvo fácil porque pocos creyeron en él. Ni siquiera en su equipo. Pasó años de desespero en el mundial, con motos que apenas le daban opciones. Y mientras la prensa le olvidaba en la profundidad del box , a uno siempre le pareció que Héctor tenía algo interesante que decir. A Faubel le podías mirar a los ojos porque sabías que iba a contar la verdad. Recuerdo que una vez, uno de los gurús de la información motociclista, Manuel Pecino , me comentó: «Faubel tiene dos problemas en el mundial. Uno, que es demasiado sincero, y el otro, que es demasiada buena persona». subcampeón . Faubel ha demostrado que es un gran piloto. Que trabaja como nadie, que tiene talento, inteligencia y, sobre todo, fe ciega en sus posibilidades. Estuvo muy cerca de ver frustrada su carrera deportiva en 250 cc y en cambio salió reforzado en sus peores momentos. Fue valiente en su regreso al octavo de litro. Ahora, tres años después de aquella marcha atrás a la desesperada, ha demostrado que llevaba la razón, aunque la historia le debe un título. Sin embargo, Faubel no se ha ganado su admiración en el paddock por sus actuaciones en la pista, sino por ser una buena persona.

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