Voro Contreras,
Llíria
La esperanza fue lo último que ayer se perdió en Llíria. Más de un centenar de vecinos se reunieron en el Hogar del Jubilado de la capital edetana para disfrutar en una pantalla gigante de la carrera del que ayer era su vecino más ilustre. Héctor Faubel corría en Cheste para ganar el campeonato mundial de 125 cc. Al final se llevó la carrera pero no consiguió su objetivo y sus vecinos salieron un tanto decepcionados de allí.
«No pasa nada
-aseguraba una joven aficionada-
. El año que viene ganará el de 250. Mi primo es un fenómeno».
A las 11.00 horas de la mañana aún eran pocos los aficionados que ocupaban los asientos de madera del auditorio del Hogar del Jubilado y muchos menos los que caminaban por las calles. Faubel se ha convertido en un auténtico ídolo para muchos llirianos que desde aquellos triunfos del baloncesto local en la década de los ochenta estaban necesitados de un referente deportivo. Por eso, el grueso de la afición de Héctor se había trasladado al Circuit Ricardo Tormo para poder animarle en directo. Pero los que se habían quedado en el pueblo, no por ser pocos iban a ser menos animosos.
Que se lo digan si no Vicent y Ana, ambos de apellido Faubel como el subcampeón del mundo. Acompañados por Anita, David y Ángela -tres de los muchos sobrinos que el motorista tiene en la capital del Camp de Túria (Faubel es uno de los apellidos más presentes en Llíria y, por lo tanto, una de sus familias más extensas)- media hora antes del comienzo de la carrera se metían entre pecho y espalda un buen almuerzo para poder así dejarse la garganta animando con el estómago en condiciones.
«Lo tiene difícil, pero lo puede conseguir»,
afirmaba Ana.
Vicent, en cambio, no estaba tan convencido. Con sus compañeros de mesa, enumeraba las posibles combinaciones que harían de su primo hermano un campeón del mundo.
«Héctor tiene que quedar primero y el húngaro no debe pasar del cuarto. Ya veremos».
Diez minutos antes del inicio de la carrera, el salón de actos está ya casi lleno -sobre todo niños, madres y jubilados- y cada vez que la cámara enfoca al lliriano hablando con la prensa o concentrado en la salida, la afición local ruge y lanza gritos de ánimo. Empieza la carrera y el comienzo no es el esperado. Faubel sale mal, va octavo en la frenada de final de la recta y los rugidos animosos que se oían segundos antes se han apagado.
Pero el edetano empieza a remontar posiciones y cada contrincante adelantado provoca una cerrada ovación del público. Por fin, Faubel se pone en segundo lugar a la rueda de su «enemigo» Gabor Talmacsi. Ya hay un motivo para mantener la esperanza, sobre todo cuando el piloto local consigue varias vueltas rápidas y planta cara al húngaro.
«!Ahora es cuando lo adelanta¡»,
comentaba un aficionado cada vez que las dos motocicletas encaraban la recta de meta.
Pero cada vez quedan menos vueltas para el final y, aunque la victoria está muy disputada, ya parece muy difícil que Talmacsi quede lejos del primer puesto. La última gran ovación se la lleva Héctor cuando pasa el primero por la línea de meta y dedica la victoria a su peña lliriana que ocupa las gradas del Ricardo Tormo. Los que se han quedado en la ciudad hacen extensiva a ellos la dedicatoria y, a falta de la presencia del piloto, animan a su abuela Vicenta que también estaba presente en la sala. A pesar de todo, los llirianos pudieron sentirse orgullosos de su propio héroe local.