Íñigo Roy, Cheste Poco duraron las placas de hormigón que instaló el Ayuntamiento de Cheste a lo largo de la calle Carretera de Llíria para impedir más accidentes como el que le costó la vida a la joven Azahara Fernández en esta avenida céntrica del municipio durante una exhibición ilegal de motos. Mientras todavía estaban acabando de instalar los bloques al final de la calle, decenas de aficionados -molestos por la medida- se coordinaban para intentar apartarlos y tumbarlos hacia un lado con tal de abrir pasillos por donde poder pasar con las motos. Minutos después, a pesar de sus dimensiones y peso, ya habían tumbado al menos una de estas barreras. Junto con los bloques de hormigón -dispuestos cada 25 ó 30 metros por una gran grúa- los urinarios e inodoros portátiles instalados a lo largo de esta avenida también se situaron en el punto de mira de grupos de aficionados eufóricos que no dudaron en arrastrarlos hasta arrinconarlos también contra las barreras a modo de parapeto.
Todo este comportamiento obligó al ayuntamiento a reforzar la presencia policial en la zona con más patrullas de policía local para asegurar así que las barreras cumplieran su función como «freno» a las carreras y exhibiciones de caballitos o invertidos. Sin embargo, y aunque el consistorio cerró el casco urbano a las motocicletas y cualquier tipo de vehículo, la entrada de aficionados con sus motos a varias calles del centro como las que conducen a la plaza del ayuntamiento, tal como pudo constatar este periódico el sábado por la tarde, volvió a poner en duda la eficacia de un dispositivo que, pese a la versión del consistorio, demostró su permeabilidad todo el fin de semana. Son muchos los aficionados que confían en que en próximas ediciones «se extremen las medidas de seguridad y los controles policiales en aquellos lugares donde todos sabemos que se hacen caballitos» y apostaron por que «en lugar de tratarnos a todos por igual y como delincuentes -en referencia a la actitud de la policía con porras y escudos el sábado por la tarde mientras se instalaban los bloques de hormigón- se controle y se multe ejemplarmente al puñado de inconscientes que, sin control, vienen a Cheste para hacer barbaridades. Si se multara como es debido, nadie haría locuras y no tendríamos que lamentar ninguna víctima. Eso se sabe pero nadie lo hace». Con el final del Gran Premio de Motociclismo de la Comunitat Valenciana y la marcha de los aficionados, Cheste debe volver a la normalidad tras unas celebraciones en las que han fallecido tres personas, a diferencia del año pasado cuando no hubo que lamentar víctimas mortales -como matizó el viernes el conseller de Sanidad mientras pedía prudencia- .