Efe,
Zaragoza
El Real Valladolid logró su segunda victoria de la temporada al imponerse a un Real Zaragoza que desperdició la oportunidad de haber logrado tres victorias de manera consecutiva y que perdió por un pecado de soberbia y por la gran reacción de su rival.
El equipo maño, con 1-0 en el marcador pensó que lo tenía todo hecho porque estaba siendo muy superior a su oponente y le dio vida a un Valladolid que demostró que su buen trato al balón no es fruto de la casualidad.
Los vallisoletanos, en cinco minutos, pasaron del 1-0 al 1-3 y le dieron la vuelta a un partido que pintaba muy mal en el inicio pero que teniendo de cara supieron manejar a pesar del empuje zaragocista.
El conjunto maño inició el encuentro dominando el juego y las ocasiones pues ya en el minuto dos Sergio García gozó de un mano a mano con el guardameta López, que le ganó la partida, y en el doce, en una jugada de dos contra uno, el brasileño Ricardo Oliveira fue egoísta y lanzó un disparo mientras se caía cuando tenía solo a Diego Milito para marcar.
Un minuto después llegó lo que parecía inevitable, el primer tanto del encuentro que firmó Oliveira tras un disparo con fortuna, ya que su remate tocó en Pedro López y engañó a Alberto que no pudo hacer nada por detener el balón.
La gran superioridad local dio origen a una relajación que permitió a los hombres de José Luis Mendilíbar hacerse con el esférico que es el mayor daño que se le puede hacer al conjunto maño.
En apenas cinco minutos, los que fueron de 28 al 33, el equipo vallisoletano anotó tres goles, dos de Víctor y otro de Alvaro Rubio, que habían nacido en el costado derecho del Valladolid con Kome como iniciador y que le daban la vuelta al enfrentamiento de manera espectacular.
Aún así tuvo opciones de recortar distancias, al igual que el conjunto vallisoletano de ampliarlas. Milito puso el 2-3 cuando el tercer árbitro mostraba cuatro minutos de añadido para hacer el final todavía más emocionante, aunque estéril para los locales que no lograron el milagro.