Moisés Domínguez, Valencia
Soler es mucho más fuerte que hace un año. Entre las acciones propias (las que están a su nombre y de otras empresas) y las de su familia más cercana suma 70.906 títulos. Esto es el 36,8 por ciento del capital social.
En los últimos doce meses, el presidente ha fortalecido su poder en la entidad. El golpe de gracia fue el paso a su nombre de las acciones de su padre, Bautista Soler, a lo que unión la adquisición, en tiempo record, de los títulos de algunos de los grandes accionistas que quedaban en pie: Miguel Ángel San José, Mariola Hoyos, Juan Armiñana, Joaquín Serrano y GM Publicidad.
Además, el presidente ha modificado el entramado de su dominio accionarial. El grueso de títulos son ahora propiedad de Urbanas de Levante SA (59.364) e irrumpe también la sociedad Gran Vía 37 SA, con 7.410.
La sociedad de su padre, Inmobiliaria Lasho, queda con un paquete menguado: 1.124. Son justo 20.000 menos que hace un año y que son las traspasadas a su hijo meses atrás.
La esposa del presidente, Consuelo Rubio, sigue subiendo poco a poco su participación. Ahora, con 586 títulos, ingresa en el Top 15. Por contra, el hermano del presidente, Javier Soler, desaparece del mapa social a título personal, pasando de las 247 del año pasado a las 9 actuales. El resto de la familia Soler tiene repartidos, en paquetes pequeños, 210 títulos.
Un único escenario posible
Bajo estas premisas, salta a la vista que el sillón presidencial de Soler sólo corre peligro en caso de que la grada pase del mal humor a la hostilidad y que la situación sea tan insostenible que provocara una dimisión o una venta de acciones. Cualquier otro escenario es imposible.
También demuestra que le es completamente innecesario a Soler adquirir más títulos para mantener la situación de dominio.
Porque el marco no puede ser más claro: si todo el gran accionariado echara pestes de Soler y se le pusiera enfrente (cosa harto improbable), el presidente tendría 71.000 acciones contra tan sólo 35.000, que es lo que acumula el resto de grandes propietarios.
Y, de ellas, hay que considerar como lo más discrepante -que no unidas entre sí- las acciones de Vicente Soriano (17.600 tras hacerse con las 4.000 de Antonio Bonet), Manuel Llorente (5.000 entre propias y cercanas, incluyendo las 1.500 de José Antonio García Moreno) y Carlo Ciccella (2.040).
La junta de accionistas llega en un momento complicado para el presidente. Posiblemente, el de su más baja popularidad. Sin embargo, no parece que vaya a sufrir una censura sistemática en la junta. Los elementos críticos no van a hablar. Sí que se cabe esperar una intervención crítica de José García Roig, apoderado de Consultaría de Emmpresas GF, que lleva la delegación de Manuel Llorente. Posiblemente, la intervención clave, por lo que supone de sensaciones, sea la del presidente de la Agrupación de Peñas, Jaume Part.