G. Ivars/J. J. S., Xàbia/Valencia
David Ferrer pisó el aeropuerto de Manises casi cuando la noche acababa. Se marchó con el regalo trabajado de acudir a Shanghai y llega como quinto de la ATP, con esa aureola de mito pero con la misma naturalidad y humildad de siempre. Recordando quizá aquella semana en la obra a 30 euros el día. El de Xàbia puso el domingo punto y final a su temporada más dulce desde que se atrevió a coger la raqueta.
A su lado, medio centenar de seguidores, esperaban para recibirle, entre ellos alguien muy especial, su sobrino Xavi, a quien dedicó su triunfo ante Nadal con una firma a la cámara tras el partido. Para él fue su primer saludo, beso y abrazo. Pero también estuvo presente todo el pueblo de Xàbia al que siempre dedicó cada set, cada juego, cada enemigo que derribaba en la pista.
De ellos, también se acordó anoche. Porque aguardaron hasta que aterrizó el avión y eso que el el vuelo se retrasó hora y media, pero no importó: Pancartas de «David Ferrer, campeón» y una multitud coreando su nombre sirvieron para matar el rato. Tras dos falsas alarmas por fin salió David. Entonces todos enloquecieron. «Es como si hubiera ganado, ha sido muy especial y muy bonito». «Agradezco mucho el apoyo de la gente porque es muy tarde y en un día laborable. Esto me hace sentirme campeón», aseguró.
Premio de 600.000 euros
Ahora Ferrer se tomará un respiro, unas merecidas vacaciones con su novia Yolanda en algún lugar donde perderse y gastar parte de los 600.000 euros del premio conquistado en Shanghai. La noche acabó con el agradecimiento de David a los seguidores que le esperaban en el aeropuerto su estancia en Manises uno por uno.
El tenista de Xàbia volverá a comparecer hoy ante los medios en Silla antes de marcharse a un viaje que tiene previsto antes de. «Ya soy quinto del mundo y para mí es muy importante. Federer es el número uno indiscutible y eso seguro que va a marcar una época. Me he encontrado con mucha gente que ha venido a recibirme y eso es algo que no olvidaré nunca», añadió el tenista tras su llegada.
El tenista, de 25 años, quiere pasar ahora unos días en su Xàbia natal para agradecer a sus paisanos el apoyo recibido durante estos días. Un apoyo que le ha hecho sentirse más que campeón.