El fútbol y la cocina son dos aficiones populares, muy complementarias. El Valencia, afortunadamente, ca rece de un local oficioso, y la variedad hace sana la dispersión. Pero desde que el mítico Bernardino Pérez Elizarán «Pasieguito» tenía mesa fija en Kailuze, la casa Oyarbide es un icono valencianista. La afectuosidad norteña unió a Pasiego y Álvaro. Los dos han muerto en Valencia, con el lamento que el cocinero se ha ido antes de lo humanamente previsible. Las paredes de ese restaurante son presente vivo donde la discreción es norma sagrada. Allí se han educado muchos futbolistas en la sencillez de la vida. Buena materia prima, oportunos caldos y mejor compañía. Los ingredientes necesarios para las más variopintas tertulias. El mejor experto en arte contemporáneo con un jugador bronco. Un añejo empresario con un arquitecto depredador. Un abogado exitoso con la mejor nariz de oro. En definitiva, un coctel indispensable.
Hoy hace una semana Alvarete fue enterrado en su Alsasua natal. El féretro iba a hombros de Rubén Baraja, Miguel Ángel Ferrer «Mista», Xabier Eskurza y Fernando Oyarbide. Tres futbolistas vinculados al Valencia y su hermano. Una indisposición de última hora impidió la asistencia del presidente Juan Soler, pero entre las más de 150 personas estaban Andoni Zubizarreta, Patxi Ferreira, Jesús García Pitarch, Jorge Martínez Aspar, y los jugadores de Osasuna Patxi Puñal y César Cruchaga, junto con el presidente rojillo Patxi Izco. Luego toda la cuadrilla se fue al txoko de la plaza para aligerar la pena. No hizo falta asumir pomposas proposiciones, como ser el cocinero del club -cargo por el que más de uno se hubiera inclinado-, para mantener la nobleza navarra. Ahora su amigo Baraja pasa por otro mal momento. Otra inoportuna lesión lo vuelve a dejar en el dique seco. Él lo hubiera cogido fuerte y su potente «¡Pipo, eres fuerte!», hubiera sido el mejor reconstituyente.
Nadie piense que su inexcusable ausencia hará decaer el lugar donde los espíritus se anteponen a los gustos. Ahí están su mujer Elena Saldaña y Fernando para sorprender al Michael Jordan de turno o a la futura pandilla de la pequeña Anne, cuando descubran que los placeres cotidianos se beben a sorbitos pequeños, para que duren y no se suban a la cabeza.