F. Ferrari, Valencia
Es un caso único en el baloncesto femenino mundial actual. A falta de minuciosas y escrupulosas estadísticas, Elena Tornikidou (Tashkent, 1965) es o debe ser la jugadora en activo más veterana, es decir, la abuela de todas sus colegas. Con 43 años cerrará en mayo del año que viene una nueva temporada y de momento no ha anunciado su retirada. Para qué. Ayer dio una nueva demostración de calidad, técnica individual, capacidad de liderazgo, efectividad suprema y versatilidad. Todo un ejemplo al que deberían adherirse muchas de las jugadoras que pululan por la Liga
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donde no abundan precisamente las estrellas
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y cientos de miles de mujeres a las que la edad les condiciona para practicar deporte. No es una más, ni un complemento a una plantilla de por sí rutilante, sino que es un elemento esencial en los planteamientos de Manolo Real. Cualquier equipo desearía tenerla en sus filas. Y ahora está en el Ros por motivos deportivos, económicos y familiares, ya que su hijo Anton sigue jugando en el Pamesa junior. Ideal.
Tornikidou, que disfruta de la doble nacionalidad hispano-rusa, firmó una estadística impecable de 17 puntos, resultantes de 10 lanzamientos de los que sólo falló uno. Incluso se permitió el lujo de anotar un triple, un terreno en el que nunca se ha querido inmiscuir a pesar de su certera muñeca.
Una tarjeta macerada en la primera parte, en la que el Rivas Futura sucumbió estrepitosamente tras un esperanzador inicio (6-8). A partir de ahí se acabó. Elisa Aguilar tomó de nuevo el mando, dirigió con maestría y entre sus 9 puntos, los de su veterana compañera y los triples de Jordana -tan anónima como imprescindible- el primer cuarto se cerró en 30-12. Una distancia que el Rivas jamás estrechó. Real se dedicó a experimentar con sus suplentes y el entrenamiento fue de lo más rentable. De paso se logró la sexta victoria consecutiva en el torneo liguero, se refuerza el liderato y se amplía la confianza de cara al próximo choque europeo del miércoles.