Vicent Chilet, Valencia
La revolución de los barbudos cubanos tuvo mucho de improvisada y errática. La victoria levantinista también. El 4-3 no se recordará por la coherencia de su fútbol. Sin embargo, la épica factura, con dos remontadas en 90 accidentados minutos, refuerza la convicción de un grupo de autoestima quebradiza. La fe de Tommasi, la locura de Riga y el oportunismo de Javi Fuego lo hicieron posible. Gianni De Biasi y Héctor Cúper nunca han podido presumir de ser técnicos de filosofía atacante. Dos entrenadores que hacen de la concentración extrema un dogma difícilmente pueden prever el espectáculo vivido ayer en Orriols. Precisamente los siete goles de ayer, y la rotura táctica que los propició, diagnostican con precisión el desequilibrio deportivo y estructural que azota a los dos clubes. El momentáneo apagón, que llegó a amenazar la suspensión, alimentó más si cabe la surrealista tarde.
El primer tiempo, caótico como ninguno, tiende a explicarse en la enorme fragilidad anímica de los dos conjuntos, con los nervios a flor de piel y cambios repentinos de entusiasmo. Con la misma facilidad con la que parecía que el Levante UD se iba a venir abajo con un 0-2 demasiado injusto -una volea furtiva de Arzu y un penalti más que discutible-, el Betis se derrumbaría los dos minutos en los que el inmaculado orgullo granota encontró recompensa. El apagón, minutos antes del descanso, de dos torres de iluminación remató los episodios inesperados del primer acto. A los tres minutos de partidos, Riga tuvo en sus botas dibujar un partido plácido, sin los acostumbrados sobresaltos. La carambola en el rechace de una jugada ensayada dejó al delantero azulgrana solo ante el meta Ricardo, pero cruzó lastimosamente fuera. Los desgarbados movimientos de Riga suelen crispar a la grada y desorientar a sus compañeros, que muchas veces acaban por enviar pases al hueco a la nada, por la equivocada carrera opuesta del atacante ghanés. Esa capacidad de sorpresa le hizo romper el fuera de juego en el segundo gol, que le permitió reconciliarse con la grada, que hasta ese momento no le había pasado ni una.
El astuto cabezazo de Riga culminó dos impecables minutos de rabia que empezaron con el habilidoso gol de otro de los que nunca se rinden, Damiano Tommasi. El ex guardaespaldas de Francesco Totti hizo creer a Orriols en la remontada colándose contra viento y marea en la cocina del área pequeña. Casi sin ángulo, y con la colaboración de Ricardo -portero con excesos efectistas - coló la pelota en la red.
Apagón y nueva remontada
Se enmendaba así un partido engañoso, en el que tomó el mando en el marcador sin poder alardear nunca de su juego, discreto y temeroso. El apagón hizo que el tiempo de descanso durara media hora. En un ambiente muy chill out, con penumbra e hilo musical, a la afición le dio tiempo de agudizar el ingenio en su crítica a Pedro Villarroel, accionista mayoritario y culpable mayoritario de los males deportivos y económicos del club, al grito de «Villarroel, paga la luz!!». La segunda parte continuó siendo hermosamente errática. Riga, que durante los primeros 45 minutos pifió lastimosamente tres golpeos, conectó un zapatazo feroz que limpió la escuadra de Ricardo. La afición aún jaleaba el tanto cuando Pavone, dos minutos escasos después, se encontró sólo ante Storari, anotando el 3-3 y atajando todo conato de euforia granota. La igualdad también se trasladaba a la grada, en la que los sectores juveniles de las dos aficiones clamaban por la marcha de los dos propietarios de los clubes.
El partido estabilizó su pulso pero el empate no valía para ninguno. Lo siguió intentando con más ahinco el Levante UD. Savio se ofreció por todos lados para tejer con algo más de coherencia las acometidas locales y De Biasi buscó sorprender cambiando de banda, a ratos, a Juanma. El Betis renovó su pólvora con la entrada de Xisco y Fernando. De Biasi resistió los cambios hasta el cuarto de hora final, cuando confió (por primera vez desde que aterrizó en Valencia) en Pedro León.
El Levante UD logró por fin arrinconar al Betis en su área y a contar con varios centros y segundas opciones. En una de ellas Javi Fuego colocó de fuerte disparo cruzado el 4-3. Orriols estalló de júbilo en la tercera remontada. Esta vez, entre todos, sí protegieron la valiosa ventaja. Colaboró la afición, arengando a la resistencia. También el temeroso De Biasi, que con la entrada de Álvaro colocó tres centrales. También el Betis, con la justa expulsión con roja directa de Juanito. Aún así, el equipo sevillano vendería cara su derrota. Con Ricardo jugando casi de líbero aún gozó de dos remates de cabeza en sendos envíos a la olla. Para felicidad granota nada ya se movería, amasando un triunfo de incalculable valor anímico. Ante Getafe y Recreativo se presenta una inmediata doble oportunidad de seguir creyendo en la permanencia, a pesar de todos los pesares que atormentan la cotidianidad levantinista.