Álvaro Blanco, Gondomar (Portugal). efe
La entrega italiana no ponía las cosas fáciles, pero España iba llegando, creando peligro y avisando de lo que, más tarde más temprano, tenía que llegar, el gol. Y así fue. Tras un gran pase de Borja,Álvaro se plantó en el área, esperó, recortó y dio un pase alto, casi una vaselina, que dejó helado a Forte, que nada pudo hacer para que Marcelo marcase el primero.
Italia no estaba cómoda, no encontraba su lugar en el partido, y ni siquiera el juego psicológico del seleccionador, Alessandro Nuccorini, tenía efecto sobre una España serena y muy habituada al estilo típicamente azurro. Luis Amado, protegido por una inconmensurable defensa, apenas veía peligrar su portería con disparos largos o escorados, como uno del capitán Grana, que alcanzó la base del poste izquierdo español tras un lanzamiento cruzado raso. Sin embargo, el último minuto de la primera mitad fue de asedio italiano, pero entre el guardameta español y una puntería poco afinada se llegó al descanso con el marcador a favor.
Tras tomar respiro, España volvió a la carga y en el minuto 21 Álvaro se plantó nuevamente delante de Feller, pero en esta ocasión no pudo superarle, pero ahí estaba Daniel para remachar para conseguir el segundo. Italia se fue a por todas al ataque y dejó tan descuidada su defensa que en un el capitán español, Javi Rodríguez, no perdonó y amplió la ventaja ante el resignado gesto de los jugadores transalpinos.
Nuccorini optó por utilizar a Feller como portero-jugador y la táctica le salió bien, pues el portero sorprendió a Amado con un potente disparo que se coló en la portería española.
Animados porque la ventaja había disminuido, los italianos acecharon aún más si cabe a la rojay, en esta ocasión, con Grana como portero-jugador. El capitán italiano salvó a su equipo de despedirse anticipadamente del título con una gran parada, cuando el banquillo español se preparaba para saltar de alegría.
Grana volvió a ser protagonista cuando a falta de minuto y medio, y a punto de perder una pelota tras resbalarse, abrazó la pelota y sólo fue sancionado con una tarjeta amarilla.
Tras este incidente, el pabellón y el banquillo se decidieron a festejar el cuarto título continental para España, que continúa con su buena racha en las finales contra Italia, a la que derrotó en el partido decisivo del pasado Mundial de Taiwán.
Rusia, 3; Portugal, 2
Por su parte, la selección rusa de fútbol sala consiguió la medalla de bronce al ganar a Portugal (3-2), a la que le volvió a faltar la suerte en los momentos claves del partido. Ambos equipos acusaron la derrota del pasado viernes y saltaron a la cancha con poca intensidad, aunque los locales contaban con la ayuda del público para meterse antes en faena.
Esta mayor intensidad les llevó a acechar el marco ruso y en los minutos 11 y 13 estrellaron dos balones en los palos defendidos por Zuyev. De esta insistencia llegó el primer gol del partido, anotado por Gonçalo. Entonces llegó la reacción de los jugadores de Ivanov, que en dos minutos dieron la vuelta al marcador, por medio de Cirilo y Foukine.
En la segunda mitad, Rusia se limitó a gestionar el resultado, mientras que los anfitriones se esforzaban en encontrar los huecos para empatar. Lo lograron en el 35, aunque la desgracia se cebó con Portugal, ya que 30 segundos más tarde Rusia se volvió a adelantar, gracias a un gol de Shayakhmetov.