Pasión hasta la muerte

 
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VICENTE AÑÓ

El RCD Español está construyendo un nuevo campo cerca de Barcelona, en Cornellá, aprovechando la ola actual de recalificaciones o cesiones de terrenos a equipos de fútbol que recorre España. El nuevo estadio estará listo, al parecer, para la temporada 2008/09, es decir la próxima y sigue los nuevos conceptos en la construcción de este tipo de recintos, que no se limitan ya a ser «terrenos de juego» con mayor o menor número de gradas para espectadores, sino que se plantean como «espacios lúdico-recreativos y comerciales». Incluso algunos, como el del Murcia nacen «de la mano» de un nuevo centro comercial. Hasta ahí todo normal. Pero lo extraordinario de la construcción de este nuevo campo es que dispondrá de una zona destinada a guardar las cenizas de los socios que lo deseen y paguen por ello. Es decir que la pasión de los aficionados del Español por su equipo llegará hasta la muerte, pudiendo ser «enterradas» sus cenizas en el campo del club de sus sueños.
Estas «pasiones» futbolísticas a estas alturas ya no sorprenden y lo que realmente hace el Español es dar un paso hacia delante. Eso de la pasión por los colores de un equipo de fútbol hasta el final se lo escuche por primera vez hace ya años a Julián García Candau, que acaba de publicar, precisamente, un libro sobre el deporte en la Guerra Civil que estoy deseando leer, porque seguro que resulta muy interesante, a la par que aporta datos nuevos. El contaba que había socios del Betis, del Barça o del Madrid, por ejemplo, que pedían ser enterrados con la bandera o la camiseta de su club, demostración del gran impacto social que tenía el fútbol en la sociedad.
A pesar de todo ello, y de esos precedentes, los cálculos económicos no dejan de resultar sorprendentes, porque hasta la fecha los más cercano a este tipo de explotación de «espacios» se había reducido a comprar «ladrillos», como un recuerdo, en los campos ingleses que se han ido derribado para construir uno nuevo en los últimos años, o a poner el nombre de los aficionados en alguna de las paredes de los nuevos. Todo ello, claro está, previo pago.
El proyecto anda en su fase preliminar aún, ya que el Consejo del Español no lo ha aprobado, pero básicamente consiste en que se reservará una zona, dentro de los 12.500 metros de posible explotación mercantil, para depositar las cenizas de los socios, que comercializará una empresa. El Español percibiría 4 millones de euros y podrían llegar hasta 7, ¡ahí es nada!, por ceder en esa zona mil metros cuadrados, por un periodo de 10 a 15 años. Cada zona particular tendrá capacidad para 4 urnas y costará 3.000 ?.
La empresa proponente de la idea reconoce que la «idea es novedosa, sin precedentes y puede suscitar, por su sensibilidad, algún rechazo». Pero claro, «poderoso caballero es don dinero», y el Español calcula que el nuevo campo le permitirá ingresar 10 millones más de euros al año por la explotación de las nuevas zonas de Vips, palcos, locales comerciales, etc. Eso, sin contar este «nuevo concepto». Porque, ya lo dicen los responsables del tema: si el Español aceptara rompería un «tabú» que le permitiría negociar con otros clubes. Por ejemplo, podría plantearse, también, aquí, en el nuevo estadio del Valencia diseñado con el mismo concepto de ser «algo más que un campo de fútbol», lo que le permitiría aumentar sustancialmente sus ingresos que buena falta le va a hacer como siga por el camino de ser eliminado de la Champions a las primeras de cambio.
En fin, que como decía aquel famoso entrenador: «fútbol es fútbol». Es decir, que en este deporte ocurren cosas de tal calibre, que la única forma de explicarlas es a través de frases como esa, sin más. Y es el deporte pasión, por antonomasia, el deporte que mejor recoge las ancestrales señas de identidad de la «tribu», plasmadas en unos colores y en unos nombres que se llevan siempre consigo, y hasta el más allá. No en vano, el deporte nace en parte «como homenaje a los muertos», en su origen mitológico griego y romano, y ya Homero nos describía en el pasaje XXIII de la Iliada, las pruebas atléticas realizadas por los sitiadores de Troya en el homenaje a Patroclo, muerto en el combate. Y de eso hace 3.000 años. Mucho tiempo es ya el transcurrido, para volver a los orígenes en torno a la muerte, la religión y el deporte.

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