La revolución anunciada se quedó en una mera insurrección táctica. Edu, Fernandes y Joaquín fueron las principales bajas de la refriega por quedarse fuera de la alineación inicial. Los dos primeros deben demostrar muchas más cosas, sobre todo el portugués, para ganarse el puesto. Mientras el gaditano se marea con el primer meneo de un abanico. Más profesionalidad y menos chistes se le debe exigir al jugador más caro de la historia del Valencia. La mejor simpatía se demuestra en el campo. El problema es que si le costó tres meses entender el juego de Quique, para adaptarse al nuevo sistema de Koeman va a necesitar el doble. El partido fue otro capítulo más de ese fútbol de los horrores que se ha instalado en la médula del equipo, aunque el empate denota una cierta mejoría y no es malo, porque se había tocado fondo y viene un fin de año muy apretado, donde va a prevalecer más el resultado que el juego bonito, como siempre. Sin embargo, ayer en Pamplona no se apreció nada de la ensayada nueva modalidad ofensiva, en un campo propicio porque ha dejado de ser lo que era. Lo que se vio fue mucho bronco oficio por ambos equipos y un cuerpo a cuerpo sin argumentos tácticos.
RECONSTRUCCIÓN. La adaptación a lo que quiere Koeman genera mucha incertidumbre, incluso en el propio responsable de ponerla en marcha. Marchena vuelve al mediocentro, cuando nos había dicho que era central. Sunny es un chico voluntarioso que apunta buenas maneras, pero al que le falta mucho recorrido en otros equipos de menos entidad que el Valencia. Además esa pareja no puede llevar la manija de ningún equipo solvente. Aunque lo más preocupante es el lamentable estado de Villa, Vicente, Silva y Joaquín. Algún fenómeno paranormal les afecta. Lo único positivo es que el empate a cero da margen para seguir probando más, que falta hace.
EXPLICACIÓN. El entrenador se mostró contento tras el partido. Con ese marcador en tablas y la cuarta parte de su atrevimiento de ayer, su antecesor hubiera sido lapidado. Más vale caer en gracia, pero el crédito de Koeman va ser mucho más cortito de lo que espera. El encuentro del martes en Londres es de transición, pero el sábado que viene llega el Barcelona, una auténtica reválida para el nuevo inquilino del banquillo. Para entonces valen muy pocas pruebas o anodinas justificaciones.