J. M. B., Vitoria. enviado especial
El hotel Canciller Ayala de Vitoria era ayer un desfile continuo de jugadores, técnicos y aficionados. Allí están concentrados todos los equipos que disputan desde ayer esta edición de la Copa del Rey, lo que convierte el edificio en un cuartel general idóneo para los cazaautógrafos. Sólo hace falta entrar por su puerta principal para encontrar algún protagonista y darle algún ánimo. La mayoría de jugadores se paran para entablar conversación. Es lo que tiene el baloncesto de elite en este país: cercanía, autenticidad. Nada que ver con el envoltorio de plástico que envuelve al fútbol.
El Pamesa fue, instantes después del aterrizaje del Real Madrid, el último equipo en llegar, lo que fue considerado como una ventaja. Lo hizo, además, más tarde los previsto: pasadas las 20 horas. Teniendo en cuenta que el pistoletazo de salida de la competición ya se había disparado en el Pabellón Buesa Arena, donde el Tau y el Unicaja disputaban el primer partido, la quietud era casi total en el hotel. Eso es precisamente lo que le puede venir mejor a un equipo que se ha dejado las presión en Valencia y que no quiere ningún tipo de distracción. "La ansiedad, para el DKV", vino a decir Katsikaris el pasado miércoles. Ni siquiera hubo seguidores del Pamesa a la llegada del equipo, ya que los cerca de quinientos aficionados que apoyarán hoy al equipo desde la grada pernotaban en Bilbao.
El DKV Joventut, rival del Pamesa, aprovechó más la tarde en la capital alavesa. Sus jugadores se dieron un pequeño paseo por las inmediaciones y después se marcaron a seguir la primera jornada por la televisión. Antes, su entrenador, Aíto García Reneses, departió durante un rato con algunos de sus colegas. Al técnico de "La Penya" se le vio contento, aunque a la hora de competir en sonrisas con Katsikaris no hay color. El griego reparte entusiasmo allá por donde va, como evidenció a su entrada en el hotel de concentración. El equipo entrenará esta mañana en el escenario del partido.