Todo apunta al puerto de Valencia como el primero que contó en España, con un ferrocarril de vía ancha para intervenir en su construcción. No sólo para aportarle o despejarle de mercancías, que esto ocurrió también, sino para el aporte de roca en cuantas ampliaciones de escolleras, tuvo repetidamente necesidad desde mediados del s. XIX. La suavidad de su costa arenosa debía reforzarse con piedra en cantidad, que substituyera las antiguas empalizadas de madera, y permitiera calados de importancia. La contrata de turno se veía así obligada, a buscar canteras. Es así como los cerros del Puig o Sagunto aparecieron en el punto de mira. Y grandes empresas de todo tipo desde Manuel Zapata, Sicop, etc., hasta Dragados, tuvieron que hacer uso de las vías que finalmente se implantaron, cinturón metálico vital que rodeaba nuestro puerto hasta Pinedo. Pero en especial los 16 km pegados a la costa, entre la dársena y el Puig, fueron visibles durante más de 90 años. En él siempre hubieron circulaciones en períodos muy irregulares, coincidiendo con las obras portuarias hasta el año 1926. En que su actividad decayó profundamente en cuanto aparecieron los cajones de cemento fabricados in situ. Sobre su traza, hace ahora casi 50 años se fijó lo que luego sería autopista a Puzol. Lo que ahora se pretende enajenar es el extremo norte del tren portuario, la zona de canteras del Puig. Una extensión de 167 000 m2, dónde en enero de 1996 ya se pretendiera ubicar la Ciudad de la Música, si bien entonces se decía que se contaba con una superficie 3,5 veces mayor, o sea 600 000 m2. Y un área de especial valor sentimental dónde en 1804 se fijó uno de los extremos en que medir la verdadera longitud del meridiano terrestre.