PAU SEMPERE VALENCIA
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Los períodos de recesión económica tienden a aumentar el índice de suicidios y a acrecentar el número de actos violentos inducidos por la desesperación y el desánimo de los muchos ciudadanos anónimos que se ven angustiados por la situación en que les deja la crisis, que no obstante, en algunos casos, no hace otra cosa que acentuar una tendencia personal previa.
Sin ir más lejos, la pasada semana, un hombre de 29 años intimidó en Castelló a la mujer de su ex jefe amenazándola con verter un bidón de gasolina frente a su casa y prenderle fuego seguidamente con ella y su hijo menor de edad dentro. La razón que indujo al agresor a pronunciar su ultimátum fue, únicamente, no estar conforme con la cantidad de dinero que le habían pagado de finiquito.
Ésta no ha sido la única amenaza pirómana que se ha producido a causa de la crisis económica en la Comunitat Valenciana. El 19 de diciembre de 2008, una mujer amenazó en Elx con quemar a su hijo de cuatro años para eludir el desahucio de su vivienda, que el juzgado y la policía iban a hacer efectivo porque la familia acumulaba faltas en los pagos de la hipoteca desde hacía varios meses. El padre del niño justificaba su actuación escudándose en que, desde hacía meses, a él no le habían satisfecho su salario en la empresa para la que estaba trabajando por culpa de la recesión.
Por otra parte, los asaltos a sucursales bancarias se han posicionado como una de las opciones de algunos desesperados empresarios en quiebra. En octubre de 2008 fueron detenidos los dos propietarios de una agencia inmobiliaria que tuvo que cerrar a causa de la recesión económica, por intentar atracar un banco en Alicante. Los asaltantes, ambos de 53 años, justificaron el atraco a la sucursal testificando que estaban agobiados por la crisis y las deudas. Su trayectoria delictiva fue más bien breve, puesto que, carecían de antecedentes y no se les imputaron otros robos.
De igual manera, en febrero de 2009, un constructor que estaba en quiebra fue detenido después de haber atracado cinco bancos. Con estas operaciones, el asaltante pudo acumular un botín de 80.000 euros, que, según sus palabras, tenían como objetivo aliviar la crisis por la que estaba pasando su empresa, que había entrado en concurso de acreedores por la morosidad de sus clientes y la falta de crédito de las entidades bancarias.
La imagen de los ejecutivos de Wall Street lanzándose al vacío desde los rascacielos de la Gran Manzana tras el jueves negro de octubre de 1929 que supuso el inicio de la Gran Depresión ha devenido en leyenda, pero, no obstante, mantiene el halo de los numerosos suicidios que se sucedieron. De igual manera, la crisis que estamos atravesando en este inicio de siglo XXI está registrando suicidios de ejecutivos y grandes potentados.
Uno de los casos más renombrados fue el del empresario y multimillonario alemán, Adolf Merckle, quien se suicidó en enero de este año lanzándose a las vías al paso de un tren, tras haber perdido miles de millones en Bolsa jugando con las acciones de Volkswagen. Tres meses después, David Kellerman, el director financiero en funciones del gigante hipotecario estadounidense Freddie Mac, se ahorcó en su vivienda, poco después de que se adoptara el rescate de la compañía por parte del Gobierno de Washington. También se suicidó, cortándose las venas en su oficina de Nueva York en diciembre de 2008, el inversor francés Thierry de la Villehuchet tras perder todo su dinero -y el de sus clientes-, a causa de la mayor estafa piramidal de la historia (unos 38.000 millones de euros) perpetrada por el gurú bursátil Bernard Madoff.
El Gobierno norteamericano ha decidido incrementar las ayudas financieras a los centros de prevención de suicidios, puesto que sólo en el pasado mes de julio recibieron 57.000 llamadas de ciudadanos con estrés económico que se planteaban la solución rápida. Asimismo, el metro de Madrid está instalando mamparas de seguridad para bloquear el acceso a las vías y evitar así accidentes y suicidios de ciudadanos abatidos.