L
as últimas previsiones de distintos organismos (Banco de España, OCDE, Eurostat...) sobre la economía española indican un descenso del PIB de un poco más del 4 % en el año en curso y cerca de un 2% negativo para el 2010. Lo importante de esta medida económica es que el PIB refleja la actividad económica del territorio donde se mide guardando una relación muy estrecha con los ingresos que perciben las familias, con el empleo, con la recaudación impositiva, con los beneficios y/o pérdidas de las empresas y, por tanto, con el bienestar presente y futuro de la población de dicho territorio. Técnicamente, el producto interior bruto o PIB nos indica en dinero el valor total de la actividad económica que ha tenido lugar dentro de un territorio en un año.
La previsión anterior es una media para el conjunto de España, es decir la media de economías distintas tanto en su composición como -en parte- en las políticas económicas aplicadas. En cuanto a caídas, habrá comunidades que estarán por encima, otras en la media y finalmente otras por debajo. Los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística (INE) del primer semestre de 2009 están expresando esta disparidad en el funcionamiento territorial. Por ejemplo, en Navarra los efectos de la crisis sobre el desempleo son leves en comparación con otras comunidades. Selecciono algunas cifras hechas públicas por el INE de forma que reflejen con bastante aproximación lo que está ocurriendo en la actividad económica y que, además, pueden ser consultadas por el lector. Observando el aumento del desempleo en los últimos meses se constata que la economía valenciana registra el segundo peor aumento de las diecisiete comunidades de España; el aumento del paro se sitúa en un 48 % comparado con el dato de doce meses antes. Aunque la autonomía que registra el peor dato es Aragón, queda muy compensado porque parte de una baja tasa de paro, de una renta per cápita alta y ésta recoge el efecto adverso sobre el empleo de la finalización de ExpoZaragoza.
Para ver qué ocurre en la producción las tasas de paro no son las idóneas, porque incluyen la población que se incorpora al mercado de trabajo. Por ello, hay que centrar la atención sobre todo en la población que trabaja -o población ocupada- porque es uno de los mejores indicadores indirectos y avanzados de la marcha de la economía. Así, el número de ocupados en el territorio valenciano presenta en términos relativos uno de los mayores descensos de todas las comunidades en los últimos doce meses según la Encuesta de la Población Activa (EPA). En cifras redondas, los empleados han pasado de dos millones doscientos mil a dos millones, lo que supone un temible descenso de cerca del diez por ciento de la población ocupada. Si la comparamos con el cinco por ciento de descenso en la Comunidad de Madrid, resulta que es el doble en términos relativos. Incluso en cifras redondas -siendo el empleo en Madrid de tres millones- doscientos mil empleos es la pérdida valenciana de empleos sobre cien mil la madrileña. Para hacernos una composición, es importante decir que la evolución del empleo en el conjunto español es similar a la de Madrid. En Murcia -economía con la que podemos establecer similitudes- el descenso del empleo es también del cinco por ciento.
Aunque no existe una proposición que diga que a un descenso del empleo de una proporción le sigue un descenso exactamente igual de la actividad económica, sí que podemos afirmar que lógicamente la caída de la actividad económica no se alejará mucho de la magnitud del descenso de la ocupación. Téngase en cuenta que en España, a diferencia de Alemania y Francia, cuando la economía se enfría la caída en el empleo es mucho más acusada en España.
Por otro lado, las previsiones son que en este segundo semestre del año se destruirán empleos aunque a menor ritmo, por lo que la actividad económica continuará cayendo. Dadas las cifras anteriores (que son datos no son previsión), la inercia económica, y la relación entre empleo y actividad es razonable pensar que el PIB valenciano caiga entre un ocho o nueve por ciento. Además, considerando las previsiones para el año siguiente, es prudente anticipar de que en el conjunto de los dos años la caída se sitúe entorno al diez por ciento.
Hace tres años y medio, en las páginas de Levante-EMV, auguraba una severa recesión considerando el peso que la construcción iba tomando en el PIB valenciano cuando cambiase la fase del ciclo económico. Ahora estamos en curso de un deterioro escalofriante de desaparición de la décima parte de nuestra producción. Se trata de un reto para el que socialmente e intelectualmente no parece desafortunadamente que estemos preparados.
?Economista. DEA en Economía Aplicada
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