No hace demasiados días y sobre estas mismas páginas, leí con una mezcla de sorpresa e indignación una noticia titulada «Martínez Loriente busca en el extranjero carne para Mercadona». La información se difundió oportunamente justo el día después de que AVA-Asaja denunciara la desaparición del 20% de la ganadería extensiva en un año y del 30% de las granjas de porcino en dos. Mi primera reflexión fue cuestionarme qué estaba pasando, qué problemas reales tiene el sector como para que una empresa cárnica de primer nivel como ésta —que el año pasado sacrificó 88.000 cabezas y compró 130.000 toneladas de carne en canal— tenga que recurrir a buscar género fuera. La segunda, inevitablemente, fue cuestionar la frescura, sanidad y condiciones de trazabilidad de la carne importada, pero seguro que una empresa tan solvente como ésta tendrá resuelto este problema.
Mis dudas se transformaron en inquietud al recordar los orígenes de esta «modélica» industria proveedora de la principal cadena de supermercados de nuestro país. Sí, me viene a la cabeza la buena acogida que tuvo la inauguración de sus centros en Buñol o Cheste, las inversiones multimillonarias con tecnología de vanguardia que ello implicó y el respaldo institucional y económico que, de forma totalmente justificada, obtuvo y aún obtiene la firma. Pero las «dramáticas» circunstancias del sector ganadero, según se afirma en el citado artículo, le han abocado a buscar fuera lo que antes encontraba en nuestro país.
Y sí, como acertadamente se explica, fue un incremento desproporcionado del precio de los cereales el que puso en jaque a los ganaderos valencianos y españoles. Lo que no es tan cierto es que a causa de tal cosa se "produjera un encarecimiento de los animales para sacrificio", más bien al contrario, fue el ganadero el que asumió tanto el coste del disparatado aumento de los piensos como el necesario para la adecuación de sus explotaciones a las estrictas normativas europeas de sanidad, higiene y bienestar animal. ¿Por qué se creen sino que se produjo el cierre de tantas granjas? Martínez Loriente, por su parte, logró en aquel complicado año aumentar un 3,11% sus beneficios hasta lograr unas plusvalías netas de 15,4 millones. Consciente de la situación, su compromiso con el sector —según se matiza en el referido artículo— fue tal que solidariamente «implantó una serie de ayudas para mantener la actividad de las granjas» Desconozco a qué tipo de incentivos se refiere pero lo que sí sé es que los resultados del año fueron catastróficos para el sector y que la distribución no se mostró ni mucho menos sensible con su situación. Es de agradecer que, como en el caso de Martínez Loriente, empresarios emprendedores creen riqueza y empleo con sus iniciativas. Son más de un millar los puestos de trabajo generados por esta firma cárnica. Pero, conviene recordarlo ahora, son muchos más los empleos y la riqueza que la ganadería ha creado y pese a todo aún crea y por supuesto, están mucho mejor repartidos. De ahí, que me sorprenda que ejecuten y se difundan tan alegremente estrategias empresariales como la anunciada, especialmente cuando se trata de una firma tan considerada por la Administración. Y dudo que tanto respaldo, que tan lucrativos réditos está produciendo, se concediera para que el ganado se adquiriera más allá de nuestras fronteras. Si es así, AVA no se situará contra Martínez Loriente, sino que cuestionará los criterios con los que se dan tales apoyos.
El mercado es libre y cada cual puede y debe proveerse allá donde mejor proceda, pero es evidente que buscar carne en el extranjero no es la mejor manera de revertir en nuestro territorio el apoyo económico que presta la Administración. Una vez más, como ocurre en tantos otros sectores, se demuestra que el respaldo financiero a la industria alimentaria sólo beneficia a ésta y nunca al productor.
?Presidente de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja)
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