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Krugman reaviva el debate

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El Nobel de Economía Paul Krugman ha revitalizado el viejo debate económico entre keynesianos y ultraliberales -encarnados en la Escuela de Chicago- con un polémico artículo publicado en "The New York Times". La discusión entre los partidarios de la intervención del Estado en la economía y los defensores de la total autonomía de los mercados también tiene sus polemistas en la Comunitat.

ANDRÉS H. DE SÁ VALENCIA "Nos hemos involucrado en un lío colosal, después de haber cometido un error en el control de una máquina delicada". Así se expresaba John Maynard Keynes en su ensayo La gran depresión de 1930. Y parece que esas palabras pudieran aplicarse también a la crisis que padecemos en estos momentos. Quizás por eso, después de décadas arrinconadas de las políticas públicas en la mayoría del mundo, mientras las cosas funcionaban razonablemente bien, las ideas keynesianas han resucitado como la solución a los males que nos atenazan. Y el premio Nobel de Economía en 2008, Paul Krugman, se ha encargado en fechas recientes de reavivar el debate con un polémico artículo publicado en The New York Times, en que reivindica la figura de Keynes y sus propuestas y arremete sin piedad contra los ultraliberales discípulos de Milton Friedman que han llevado al extremo sus postulados desde la conocida como Escuela de Chicago.
Krugman denuncia que la absoluta desregulación de los mercados financieros impulsada en las últimas décadas por los defensores del ultraliberalismo ha provocado el colapso de lo que denomina "economía de casino". Porque, a su juicio, fiar el comportamiento de los denominados "mercados eficientes" a la "racionalidad" de los actores económicos es una irresponsabilidad, cuando "parece obvio que muchos inversores en el mundo real no son tan racionales como los modelos imperantes".

Perturbaciones mentales
Para enmendar la situación, Krugman propone asumir que los mercados financieros están muy lejos de ser perfectos y se encuentran sujetos "a perturbaciones mentales extraordinarias y la locura de las multitudes". Y como receta reclama la adopción de las viejas fórmulas de Keynes: cuando la política monetaria es ineficaz y el sector privado no puede incitar a gastar más, el sector público debe ocupar su lugar en el apoyo a la economía. "El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana a la clase de depresión" actual, afirma el Nobel.
El debate también tiene su reflejo entre economistas y expertos en la Comunitat Valenciana. El profesor Vicent Soler -un "keynesiano de siempre", según se define- asegura que los neoclásicos, a pesar de los esfuerzos que algunos han realizado por ser más realistas en sus teorías y modelos, siguen sin tener respuestas para explicar las crisis. En su opinión, la economía financiera -la economía de casino de Krugman- sólo se ha preocupado de la buena marcha de las acciones de las empresas, pero se ha desvinculado por completo de la marcha real de esas mismas empresas. Y en esa desconexión se encuentra la base de la crisis actual.
Para Soler, en la Comunitat Valenciana la crisis ha sido de manual. Pese a la existencia de controles, ha habido una facilidad de crédito que ha provocado la burbuja y posterior crisis inmobiliaria. Por eso, a su juicio, volver a Keynes es "imprescindible". A corto plazo, el fomento de obra pública genera empleo y los subsidios a los parados permiten mantener un nivel mínimo de consumo. Advierte que el mercado es imperfecto e incide en buscar, a medio y largo plazo, la eficiencia sobre todo en I+D+i, donde considera que faltan incentivos suficientes para hacerlo accesible a todos los agentes y, de esta forma, fomentar la competitividad.
Además, Soler replica a quienes considera que el déficit que se genere ahora lastrará una recuperación futura. "El déficit crea condiciones para mantener la demanda, sin la que la recesión sería aún más profunda", asegura. "Los déficits no son malos en sí mismos", remacha. En todo caso, propone que, más allá del debate académico, hay que buscar nuevos escenarios.

Sin intervencionismo excesivo
Para el también profesor Vicente Pallardó, la polémica entre ambas corrientes es permanente en el ámbito teórico pero con la crisis ha vuelto al debate general sobre sus implicaciones en la política económica. A su entender, en el funcionamiento normal de las economías no es necesario un intervencionismo excesivo, pero sí una regulación para que los mercados funcionen bien. Y esa intervención, incluso desde un punto de vista liberal más moderado, debe ir encaminado a garantizar la competencia real, la transparencia en la información y a no incurrir en el riesgo moral.
Pues bien, según Pallardó, esos tres condicionantes se han incumplido hasta llegar a la actual crisis. Y además, se ha visto comprometida la estabilidad macroeconómica. Con el agravante de que EE UU ha reducido los tipos de interés hasta un nivel tan bajo que también han provocado problemas.
A su juicio, hay que empezar a perfilar una salida y si se hace bien no serán necesarias medidas keynesianas extremas. En ese sentido, considera que Krugman hace una apuesta "un poco imprudente" por el gasto sin límite. Y, en el otro extremo, critica que los más radicales de la Escuela de Chicago propongan incluso dejar que todo se desplome, porque detrás de esos experimentos hay personas. "Esto es una ciencia social y no experimental", apunta.

Recuperación parcial
Por su parte, el profesor e investigador Javier Quesada, reconoce que la crisis ha hecho que se recuperen ideas keynesianas arrumbadas durante las últimas cinco décadas. Pero, en su opinión, se recuperarán sólo parcialmente, en la medida en que ahora se conocen los problemas que provocaron después del New Deal que salvó del colapso a EE UU tras la Gran Depresión. A su juicio, aunque se reconoce la utilidad de la política fiscal propuesta por Keynes, no se recuperará la popularidad del intervencionismo del Estado.
De hecho, Quesada está convencido de que el propio Krugman no aceptaría los planteamientos que en su momento dispararon la inflación. Por eso, estima que las recetas keynesianas son útiles a medio plazo, pero después deben ser corregidas para evitar un excesivo protagonismo del Estado.
Sobre las raíces de la actual crisis, reconoce la influencia de la rebaja en las regulaciones del mercado. Además, cree que la ingeniería financiera ha restado transparencia a los mercados. Para él, la lección es que debe haber una regulación, pero mínima, y que debe adaptarse a las innovaciones que el propio mercado va generando.

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