Los líderes del G-20, que reúne a las primeras economías del mundo y a los principales países emergentes, se darán cita por tercera vez hoy y mañana en la ciudad estadounidense de Pittsburgh para coordinar cuándo abandonar las medidas anticrisis que adoptaron hace meses, una vez que están apareciendo los primeros síntomas de recuperación. El G-20, que representa al 85% de la economía mundial, decidirá previsiblemente seguir manteniendo las medidas de apoyo públicas adoptadas para afrontar la crisis, sin descartar que se vaya preparando la salida de la crisis y la retirada progresiva de esos estímulos, según fuentes gubernamentales españolas.
La UE presionará para que el G-20 se comprometa a limitar las primas de los banqueros que contribuyeron al estallido de la crisis porque incentivaban la asunción de riesgos para lograr beneficios a corto plazo. Los veintisiete defenderán incluso que se impongan sanciones a los bancos que paguen primas excesivas a sus directivos.
Según fuentes españolas, en Pittsburgh «se tratará de imponer unas normas vinculantes a nivel global» y se analizará qué tipo de regulación estricta se puede aplicar para evitar el exceso de riesgo al que se han expuesto muchas entidades financieras. Eso sí, como el G-20 no tiene capacidad legislativa, cualquier cambio real en este campo quedará en manos de las autoridades nacionales.
Aunque el presidente de Estados Unidos y anfitrión de la cumbre, Barack Obama, ha señalado que en su país el Gobierno «generalmente no dice lo que uno puede pagar o no a sus empleados», el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, se ha mostrado convencido de que la Casa Blanca respaldará las medidas propuestas por la UE, a pesar de que los bancos estadounidenses, junto con los británicos, presionan para que la propuesta europea no salga adelante.
Junto a las primas de los banqueros, los líderes analizarán un informe sobre cómo cumplir los objetivos acordados en la última reunión del G-20 en Londres con respecto a la supervisión financiera internacional, la gestión de las quiebras de grandes entidades, la regulación de los fondos hedge fund (de alto riesgo porque, al no estar regulados, escapan al control de las instituciones financieras) o la valoración de las agencias de calificación de riesgos, a las que se culpa de no haber visto lo que se avecinaba en los mercados internacionales.
Así las cosas, Estados Unidos está más interesado en que de Pittsburgh salga el compromiso de buscar un reequilibrio de la economía global, que pase por que los grandes exportadores como China, Alemania y Japón consuman más, mientras que deudores como Estados Unidos aumenten sus ahorros.