El prodigioso Gran Salto Adelante de la economía china

El gigante asiático ha celebrado esta semana el sesenta aniversario del triunfo de la fundación de la República Popular El que
fue uno de los más pavorosos regímenes comunistas, bajo el mando de Mao, ha devenido en un país socialista de mercado
que ya es la segunda potencia económica

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La bandera china ha ondeado en la meca del capitalismo, en Wall Street.
La bandera china ha ondeado en la meca del capitalismo, en Wall Street.  bloomberg
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J. C. VALENCIA ?
No cabe utilizar otro adjetivo que prodigioso para calificar la radical transformación económica y social que China ha protagonizado desde que hace sesenta se fundara la República Popular tras el triunfo de los comunistas de Mao Zedong sobre los llamados nacionalistas de Chiang Kai-shek. Las cifras hablan por sí solas de los cambios fenomenales -no en el orden político ni de los derechos humanos ni del reparto de la riqueza, desde luego- que han permitido en seis décadas convertir en la segunda potencia económica del mundo a uno de los países más pobres de aquel mundo que acababa de dejar atrás la devastadora Segunda Guerra Mundial. Desde aquel lejano 1949, el PIB chino se ha multiplicado por 77, la esperanza de vida ha pasado de 32 a 73 años y la tasa de analfabetismo se ha reducido del 80% al 3,5%.
Hay más datos: el espectacular crecimiento del gigante asiático desde la apertura económica auspiciada a finales de los setenta por Deng Xiaoping lo ha convertido en un agente de primer nivel en los mercados mundiales. No sólo, como bien saben los empresarios valencianos, por su impacto -mucha mano de obra con bajos costes laborales- en las industrias manufactureras mundiales y su contribución decisiva a la globalización, sino también por su papel cada vez más activo en los países menos desarrollados -de África y América Latina- en busca de materias primas. El crecimiento chino es imparable hacia su futura condición de primera potencia. Tras varios años de aumentos del PIB por encima de los dos dígitos, el gigante amarillo, también afectado por la crisis mundial, está ya recuperándose. Un ejemplo de ello está en que las primeras 500 compañías del país asiático han logrado doblar, en lo que llevamos de año, los beneficios netos de las 500 principales empresas de Estados Unidos. Algunas firmas chinas de banca y telecomunicaciones se hallan entre las primeras del mundo por capitalización bursátil. Y nadie duda del factor esencial que el país oriental supone para la superación de la crisis. Nadie lo hubiera imaginado cuando hace sesenta años la República Popular comunista inició su andadura de la mano de Mao, por otra parte uno de los mayores criminales de la historia, junto a Stalin y Hitler.
La fundación de la Nueva China tuvo lugar el 1 de octubre de 1949. Atrás quedaban tres años de guerra civil. China era por entonces un país de 500 millones de habitantes -en la actualidad, tiene más de 1.300-, en su abrumadora mayoría campesinos misérrimos y hambrientos. En 1953, sólo cuatro años después del triunfo de la revolución y tras una profunda reforma agraria que puso fin al feudalismo y un régimen de planificación al estilo soviético que implicaba la nacionalización de la industria y la colectivización de la agricultura, Pekín ya disponía de la bomba atómica e iniciaba un espectacular crecimiento económico. En 1959, Mao emprendió el llamado "Gran salto adelante", cuyo objetivo era incrementar la producción de acero. El experimento fracasó y 20 millones de personas murieron de hambre. Pese a todo, China ya era por entonces el tercer productor de carbón del mundo y el país experimentaba una mejora espectacular en sus condiciones de vida. A finales de los años setenta, el consumo medio de alimentos de la otrora hambrienta población superaba a la media mundial. En apenas un cuarto de siglo el país había duplicado su población.

Deng llega al poder
Los últimos años de Mao se caracterizaron por una despiadada represión política, coincidiendo con su ruptura con la URSS y el deterioro de su imagen. En el contexto de la llamada Revolución cultural de 1968, miles de personas fueron asesinadas por los guardias rojos y tres millones de miembros del partido fueron purgados por "traicionar" los ideales revolucionarios.
En 1976, con la muerte de Mao, China inició su definitiva transición hacia el capitalismo. El artífice del cambio fue Deng. En un régimen político caracterizado por la dictadura de partido único y la falta total de libertades, Deng no tuvo problemas en poner en marcha su programa de modernización basado en el lema de que "ser rico es glorioso". El nuevo dirigente descolectivizó y privatizó las tierras, desmontó la planificación económica y renunció al control estatal del comercio exterior. Era el comienzo del "milagro chino", una especie de modelo capitalista que tenía a su disposición una mano de obra abundante y barata, formada por millones de campesinos huidos de la miseria en sus tierras de origen. En estas circunstancias, el creciente malestar de la población estalló en julio de 1989, cuando miles de estudiantes, intelectuales y trabajadores se concentraron en la Plaza de Tiananmen para reclamar más democracia, el fin de la corrupción y la represión y medidas contra la inflación y el paro. La entrada de los carros de combate degeneró en una matanza cuyo balance, veinte años después, sigue sin conocerse con exactitud, aunque se habla de entre cientos y miles de muertos (el Gobierno sólo reconoce 200) y más de un millar de detenidos.
Los acontecimientos de Tiananmen supusieron también el principio del fin para la generación de Deng Xiaoping y la llegada a la cúpula del partido de nuevos dirigentes. En los veinte años transcurridos desde entonces, China consagró su "socialismo de mercado". Entre 1988 y 1998 el país experimentó el mayor crecimiento económico del mundo (con promedios anuales superiores al 12%), pero este crecimiento no se ha visto acompañado de un desarrollo tecnológico digno de tal nombre y se ha basado, sobre todo, en las inversiones extranjeras y en la explotación de millones de trabajadores baratos y políticamente sumisos. Aún así, según la revista Forbes, China ocupa el segundo lugar del mundo en la lista de multimillonarios, con 66. Si Mao se desmomificara...

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