Un Nobel con sabor valenciano

Ostrom estudió el Tribunal de las Aguas y Williamson es doctor honoris causa por la Universitat de València

 
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Elinor Ostrom
Elinor Ostrom reuters

JORDI CUENCA VALENCIA ?
El Nobel de Economía ha tenido este año un cierto regusto valenciano. Puramente anecdótico. Dos estadounidenses, como viene siendo habitual, han logrado el millonario galardón que otorga la Real Academia Sueca de Ciencias. Ambos pertenecen a la llamada gran familia del neoinstitucionalismo americano. Elinor Ostrom (Los Ángeles, 1933) ha sido reconocida por sus trabajos sobre el gobierno de los bienes colectivos, que le llevaron a estudiar, entre otros, el Tribunal de las Aguas de Valencia. Oliver Williamson (1932) ha obtenido el premio por su teoría de los costos de transacción.
La Universitat de València se anticipó a los académicos suecos a la hora de valorar el trabajo de Williamson, a quien concedió en 2004 el doctorado Honoris Causa. El catedrático de Organización de Empresas José Pla fue quien lo conoció en Noruega, lo invitó a unas jornadas en Valencia y quien propuso aprovechar la visita para concederle el citado reconocimiento, como así sucedió.

Sorprendido con Valencia
Pla recuerda que Williamson estuvo una semana en la ciudad acompañado de su mujer y se quedó "sorprendido" por la propia capital "y por la categoría de su universidad". Era la segunda visita del economista a España, tras un anterior breve paso por Barcelona. Pla destaca de Williamson, además de su sabiduría, el haberse comportado como un "hombre muy sencillo, totalmente alejado de la pose de muchos gurús de la economía, con un discurso social y muy convencido del papel de la universidad en el desarrollo de un país".
Sucintamente, Pla asegura que la gran aportación del profesor de la universidad de Berkeley (California) es la teoría que explica cuándo una actividad se organiza a través de las empresas o recurre al mercado. Si se recurre a la producción propia o a la subcontratación, si produce en el país o deslocaliza, si utiliza ejecutivos locales o propios... En suma, las diferentes variables que inciden en "la empresa y los mercados como mecanismos alternativos de organizar la economía".
Contrariamente a Williamson, no hay memoria en Valencia, al menos que este diario la haya podido encontrar, de la presencia de Ostrom en la ciudad. De hecho, el presidente del Tribunal de las Aguas, Vicente Nácher, y sus colaboradores desconocían totalmente ayer que ni siquiera existiera esta investigadora antes de ser galardonada el lunes en Suecia. Eso sí, se mostró "orgulloso" de que la entidad que preside haya contribuido, de alguna forma, a la concesión del Nobel.
El catedrático de Economía de la Universitat de València, Vicente Esteve, asegura que la profesora de la universidad de Indiana visitó España en los años ochenta del pasado siglo para estudiar in situ algunos de los modelos en Murcia, Alicante o Valencia que le sirvieron de base para su libro de 1990 El gobierno de los bienes colectivos, que es el que le ha dado el principal prestigio académico a esta politóloga que se ha convertido en la primera mujer que obtiene el Nobel de Economía. Según Esteve, Ostrom propone que "cuando el mercado no funciona y el Estado no actúa" hay una tercera vía, que es la de la gestión colectiva de los bienes comunes.
Como afirmó el lunes la academia sueca, la galardonada "desafió el conocimiento convencional de que la propiedad común está mal gestionada y que debería ser regulada por autoridades centrales o ser privatizada".
Una prueba irrefutable del fundamento de su investigación la debió encontrar Ostrom en el Tribunal de las Aguas, una institución cuyos orígenes, según Nácher, se remontan a los tiempos de la dominación árabe de Valencia y que desde entonces ha regido las disputas entre los regantes de l'Horta. Basada en el derecho consuetudinario -es decir, la tradición, sin nada escrito-sus sentencias sólo pueden ser apeladas ante el Tribunal Constitucional. En la actualidad, los ocho síndicos, en representación de ocho acequias, imparten justicia todos los jueves al mediodía ante la puerta de la Catedral. Una acequia puede representar de 2.000 a 5.000 agricultores. Ante un pleito entre los regantes por el uso del agua, el tribunal tiene la última palabra. Y se cumple.

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