VÍCTOR ROMERO VALENCIA
Astroc, Llanera, Nou Temple, Midascom, Armiñana Promociones Inmobiliarias, MidascomÉ La lista es interminable. Todas se han visto inmersas en suspensiones de pagos, quiebras y procesos de adelgazamiento. Por su carácter mediático han provocado ríos de tinta negra. Pero son sólo la punta del iceberg de un sector que vive la mayor crisis de su historia. Mayor incluso que el desplome inmobiliario que sufrió España a principios de los años noventa. El hecho diferencial deriva de los días de vino y rosas del "boom" inmobiliario en el que se subió España y, especialmente la Comunitat Valenciana, desde el año 2000. Los bajos tipos de interés, el crecimiento económico constante, precios astronómicos y un flujo de crédito interminable elevaron a promotoras, entidades financieras e inversores particulares a la cresta de un ola tan alta que la caída ha sido de dimensiones espectaculares. Los promotores nunca imaginaron que el estallido de la burbuja provocaría una onda expansiva tan descomunal que ha dejado al sector en una situación equiparable a la que en los años ochenta abocó a segmentos industriales como el de los astilleros a una gran reconversión.
Como entonces, pocos serán los supervivientes. De las empresas con cierto nivel de consolidación pueden llegar a desaparecer hasta el 50%. Los aventureros que se lanzaron a ejercer de promotores sin apenas experiencia y en busca del pelotazo fácil están ya prácticamente extinguidos. "Todos esperábamos un aterrizaje suave, sabíamos que los precios eran altos y la oferta superaba ampliamente la demanda, pero con lo que nadie contaba era con la crisis financiera", afirma el vicepresidente de la Asociación de Promotores Constructora de España y secretario general de la Federación de Promotores de la Comunitat Valenciana, Benjamín Muñoz. No hay datos oficiales, pero la federación de promotores valencianos baraja que como mínimo hay en estos momentos 140.000 viviendas nuevas sin vender en territorio valenciano. Lo graves es que muchas de ellas casi acaban de terminarse porque comenzaron a fabricarse a finales de 2007 o principios de 2008. Es decir, proyectos nuevos hace ya dos años que apenas se ponen en marcha. Los visados de obra nueva cayeron un 66,1% en 2998 en la Comunitat Valenciana, según los datos del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España. En el primer semestre de 2009 se ha acentuado todavía más el desplome, que alcanza el 72,2% respecto al mismo período del año anterior.
60.000 piso al año
Con un stock de 140.000 viviendas en el mercado de primera mano, con el aluvión de pisos en venta en el de segunda y un fuerte descenso de la demanda como consecuencia de la crisis económica la pregunta es obligada: ¿Cuánto tiempo durará el desplome hasta que el sector se reactive y vuelvan a construirse viviendas? Los promotores valencianos muestran un optimismo relativo. Benjamín Muñoz estima que el mercado valenciano, que cuenta además con el atractivo añadido de contar con casi 500 kilómetros de costa, es capaz de absorber en una situación económica de normalidad entre 60.000 y 70.000 viviendas nuevas al año. De ser así, el sector tiene todavía pendientes dos ejercicios de dura travesía del desierto. Un periodo de tiempo que no es descartable que sea todavía mayor si persiste el crecimiento del desempleo. Pero, sobre todo, el principal temor de los empresarios es que las entidades financieras mantengan las restricciones de crédito. La irrupción de la banca en el mercado inmobiliario es otro de los fenómenos que va a acrecentarse en los próximos años. Con miles de viviendas en sus carteras como consecuencia de ejecuciones, embargos y daciones en pago y una red de oficinas que se extiende hasta el último rincón, cajas y bancos van a ejercer "por mucho tiempo" de agentes inmobiliarios, según aseguraba el viernes el viernes el subdirector general de Ahorro Corporación, Luis Sánchez Cuenca. El sector observa también que la banca ofrece muchas más facilidades de crédito cuando vende sus pisos que no los de terceros.
Ante esta perspectiva, los promotores valencianos han propuesto a la Generalitat que abra una línea de avales para garantizar operaciones tanto a promotores como a particulares cuando las entidades financieras tengan dudas. La otra gran asignatura pendiente es ajustar y simplificar la legislación urbanística para adaptarla a los requisitos que marca la Unión Europea y evitar conflictos y problemas de imagen ante los inversores extranjeros. Para que esto ocurra es necesario que primero el nuevo conseller de Medio Ambiente y Vivienda, Juan Cotino, se siente con el sector para estudiar los cambios. Algo que todavía no ha ocurrido. Quizás porque Cotino está demasiado ocupado con el caso Gürtel.