JORDI CUENCA/VÍCTOR ROMERO VALENCIA
La reunión del presidente de la Generalitat, Francisco Camps, con los máximos dirigentes de las tres cajas valencianas -Bancaja (José Luis Olivas), CAM (Modesto Crespo) y Caixa Ontinyent (Rafael Soriano)- no supuso un avance claro en la fusión de estas entidades que a lo largo de la semana había propuesto, como decisión en firme del Consell para esta legislatura, el vicepresidente económico, Gerardo Camps, pero dejó sentado por parte del Gobierno autonómico su oposición frontal, incluso veto, a una operación que suponga que alguna las entidades valencianas acaben aliadas -en realidad, absorbidas- con Caja Madrid. Fuentes de la Generalitat y de las propias entidades financieras confirmaron ayer tarde que el meollo de toda esta historia, como apuntó Levante-EMV a lo largo de la semana, está en la designación de Rodrigo Rato para presidir Caja Madrid y la expectativa de que ese próximo nombramiento ponga en movimiento una rueda que acabe por costarle a la Comunitat la sede de una de sus dos grandes cajas.
Las fuentes consultadas recuerdan que los movimientos y consultas han sido constantes en los últimos meses. Caja Madrid -apoyada por la dirección del PP liderada por Mariano Rajoy y su propósito de reducir el poder de la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre- ha tentado en más de una ocasión a Bancaja para formalizar una alianza. La entidad valenciana se ha resistido hasta la fecha, aunque hay quien asegura que esa puerta, en el futuro, no hay que cerrarla todavía, porque creen que Rato puede convencer a Olivas. La CAM, por su parte, quiere eludir a toda costa -jaleada por la patronal alicantina y los zaplanistas que lidera José Joaquín Ripoll- una alianza con Bancaja porque teme la pérdida de poder frente a Valencia. Así que, debido a su delicada situación, ha protagonizado movimientos alternativos, como el ya conocido de Caja Murcia, pero, sobre todo, un acercamiento a Caja Madrid. Cuentan las fuentes consultadas que esa aproximación, con la llegada de Rato, habría sido inminente.
Este panorama y una reunión de Gerardo Camps con altos cargos del Banco de España en la que el supervisor le habría trasladado la necesidad de que las cajas valencianas vayan a un proceso de fusión ante la eventualidad de que sus cuentas se deterioren en el plazo de uno o dos años, han precipitado la decisión del Consell de poner en marcha la fusión intrarregional y, sobre todo, de dejar claro a los presidentes de las cajas valencianas que no permitirá extrañas aventuras fuera de la Comunitat. Así, en un pronunciamiento público, tras la firma de un convenio con el Instituto Valenciano de Finanzas, el presidente de la Generalitat afirmó ayer que cualquier decisión sobre el futuro de las cajas ha de tomarse "siempre" en el ámbito autonómico y agregó que la autonomía dispone de "la fuerza suficiente para seguir teniendo entidades financieras con sedes políticas" en la autonomía.
La reunión de ayer
Durante la reunión de ayer, Camps, según diversas fuentes, no presionó de manera intensa a los presidentes de Bancaja, CAM y Caixa Ontinyent, pero sí les dejó claro que el Consell apuesta por esa fusión. No obstante, como luego reiteró ante los periodistas, también les precisó que deben ser los órganos de gobierno de las entidades las que estudien y decidan sobre la operación. Se trata, por tanto, de una decisión a medio plazo, como prueba el hecho de que el Consell no va a paralizar el proceso electoral en las cajas, lo que sería indicativo, de hacerlo, de que su propuesta de fusión estaba mucho más madura. De hecho, los presidentes de las tres entidades se habrían comprometido ayer a pensarse la oferta. "El presidente ha dicho claramente cuál es su decisión y nosotros nos ajustamos a sus palabras", aseguró el máximo responsable de la CAM a los periodistas cuando abandonaba el Palau de la Generalitat.
Para Crespo, la proposición de Camps -y así lo mostraba su semblante- supone un serio revés, porque cierra casi todas las salidas de la CAM al acotar las operaciones al territorio valenciano. Claro que el Consell es consciente de la oposición de la sociedad alicantina a la fusión con Bancaja y, en consecuencia, no duda de que, al final, la operación no fructifique, dado que, además de superar las barreras de los ejecutivos de las cajas y los evidentes problemas técnicos que comporta, debe ser aprobada por dos tercios de las asambleas de cada entidad, cosa harto difícil en la CAM. Por ello, estaría dispuesto a hacer algunas concesiones para que Alicante digiriera mejor la operación, aunque difícilmente se quedaría con la sede operativa. Suceda lo que suceda, esta iniciativa supondrá para la Generalitat dejar claro también ante el Banco de España que está actuando para reducir el mapa de cajas, como quiere el supervisor, aunque no sea mediante fusiones interregionales.
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