RICARD GALLEGO ONTINYENT
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Los dirigentes de Caixa Ontinyent han leído y oído durante el último vodevil a cuenta de la posible fusión de las cajas valencianas, referencias a la entidad que van desde considerarla como "convidada de piedra" hasta "insignificante" o "intrascendente". Algunos han tildado a la caixa de les comarques centrals de "simple comparsa", tal vez por actuar en territorio morocristiano, o como el "hermano pobre" de las dos grandes, la CAM y Bancaixa. Pero, al contrario de lo que hubiera sido habitual, en Caixa Ontinyent se han tomado con una mezcla de "alivio" y cierta "condescendencia" una suerte de expresiones que, en otros casos, habrían sido tomados como un ensañamiento de los comentaristas capitalinos con una entidad financiera "modesta y discreta" que ha preferido siempre permanecer alejada de los focos que acaparan las dos grandes cajas valencianas.
Esta discreción es el "valor" que desde Caixa Ontinyent quieren preservar a toda costa, y más en tiempos de tribulaciones financieras. De hecho, su presidente, Rafael Soriano Cairols, no ha hecho una declaración en público desde que se reunió hace una semana con el presidente Camps y los otros dos dirigentes de la CAM y Bancaixa: "Tratamos de pasar desapercibidos", concretaba esta semana un alto dirigente de Caixa Ontinyent en la primera manifestación oficial de la caja desde que se supo de las pretensiones del Consell. "Para nosotros, cuando se decía que no pintamos nada y que no somos trascendentes en la posible fusión de las cajas sentíamos cierto alivio". La razón: confían en que, a última hora, les dejen al margen de cualquier unión que, en su caso, sería por absorción, como reconocen. "Bancaixa supone 100.000 millones, la CAM 80.000 y nosotros apenas 2.000 millones, ¿qué aportaríamos a un grupo con 180.000 millones?, nada", se responde a sí mismo el directivo de Caixa Ontinyent.
"Hemos hecho los deberes"
El argumento de la entidad nacida en la Vall d'Albaida para huir la fusión se resume en una frase: "no paga la pena integrarnos". O lo que es lo mismo: el estropicio político-identitario que generaría en las comarcas centrales la desaparición de la marca sería superior al posible beneficio económico de su integración. Y más teniendo en cuenta que Caixa Ontinyent acaba de celebrar sus 125 años de existencia con una salud financiera "envidiable" en plena crisis: "No tenemos la potencia de las grandes, pero sí la tranquilidad de haber hecho los deberes y tener unos ratios excelentes", apuntan desde la caja, que añaden que "no hay razones económicas, ni financieras que justifiquen que nuestra integración; ni la entidad estará mejor gestionada, ni nuestros clientes mejor atendidos", subrayan, aunque son conscientes de estar supeditación a los vaivenes políticos: "Somos una caja y eso significa que son los políticos quienes tiene la última palabra", reconocen desde Caixa Ontinyent.
De hecho, el consenso político que ha vivido la entidad hasta el momento se ha enturbiado esta semana tras la decisión del PP de no pactar con el PSOE la lista de representantes del Consell en Caixa Ontinyent. Una de las primeras consecuencias será la salida de su consejo de administración de José Pla Barberá, natural de Ontinyent, catedrático del Departamento de Dirección de Empresas de la Universitat, y que era el único economista que se sentaba en el máximo órgano de decisión de la entidad. La exclusión de Pla ha sido fuertemente contestada por la oposición socialista por considerarla consecuencia de la actitud "sectaria" y "autoritaria" del PP.
La lista propuesta por los populares tampoco ha rebajado la tensión. Concejales del PP, militantes, esposas, hermanos y cuñados de dirigentes populares acaparan los puestos, en una deriva que desde la entidad observan con la lógica preocupación, aunque con calma: "No pensamos que esto pueda afectar a la gestión diaria, pero en cierto modo enrarece el ambiente porque aquí dentro hay gente de todos los colores y que se pierda el consenso político resulta extraño. La caja siempre había estado al margen de las peleas partidistas".