El vicepresidente del Consell, Gerardo Camps, atravesó el miércoles una línea que hasta ahora ningún político responsable se había atrevido a cruzar en este país. Puso en entredicho, de forma inopinada, los resultados de una entidad financiera fundamental para el tejido económico valenciano. Se trata de un hecho sin precedentes y de especial gravedad en un momento en que las cajas de ahorros están sumidas en un proceso de fusiones provocado por los efectos del terremoto financiero que sacude a todo el mundo desde hace dos años.
Las temerarias palabras del conseller de Economía —quien debería pagar su imprudencia con la salida del Ejecutivo— suponía motivo de preocupación para Caja Mediterráneo. Tal que ayer el presidente Francisco Camps tuvo que salir ayer a defender la solidez de la entidad, desautorizando así de forma indirecta a su vicepresidente, quien ha insistido en negar la mayor: que hiciera unas declaraciones de las que fue testigo un nutrido grupo de periodistas en las Corts.
Modesto Crespo, el presidente de la CAM —donde la indignación e incredulidad alcanzaron límites insospechados el mismo miércoles, hasta el punto de emitir un durísimo comunicado contra el conseller de Economía— aseguró ayer que con la rectificación del titular del Consell, todo volvía a la normalidad. Y bien está que así sea en una entidad que hasta el momento ha conseguido sortear los efectos más destructivos de la marejada que sacude a todos los mercados. Porque su solvencia, garantizada por los organismos de control, en especial el Banco de España, no puede ser puesta en tela de juicio gratuitamente por quien ya el martes se había atrevido incluso a cargar de forma también inédita contra el Banco de España por ejercer las funciones que la ley le atribuye.
Aunque puestos a negar la evidencia del desliz del vicepresidente, el Consell deslizó otro dato como poco alarmante. Para negar la posibilidad de que pudiese avanzar la posible entrada en pérdidas de la CAM el próximo año, afirmó que era «imposible» porque ni siquiera el Instituto Valenciano de Finanzas conoce las cuentas de la entidad. Entonces, ¿a qué se dedica el organismo que por ley tiene encargada la tutela de las entidades financieras valencianas? Es obvio que no tiene facultades de inspección —atribuidas al Banco de España—, pero como mínimo se le supone al corriente de los números de aquellas instituciones bajo su tutela...
El comportamiento de estas últimas semanas parece un signo evidente de que el proceso de fusiones ha desatado el nerviosismo en el Ejecutivo autonómico, que ve peligrar el control que hasta ahora ha ejercido sobre las entidades de la Comunitat y ha emprendido una senda errática que amenaza a las propias instituciones.