Ramiro Reig

«Sería fatal que cayéramos en manos de especuladores y no de empresarios clásicos»

Profesor jubilado de la Universitat de València. Reig, experto en historia e instituciones económicas, ha publicado un libro en el que hace un repaso de las grandes corporaciones empresariales del siglo XX, como Ford, Coca Cola, Bayer, IBM o Sony. Considera que «sería fatal que cayéramos en manos de especuladores» en lugar de empresarios de corte clásico como los que pusieron en marcha esas multinacionales

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Ramiro Reig, durante la entrevista en su casa de Valencia, el pasado viernes.
Ramiro Reig, durante la entrevista en su casa de Valencia, el pasado viernes.  abelard comes

JORDI CUENCA
VALENCIA
­Profesor jubilado de Historia e Instituciones Económicas en la Facultad de Economía de la Universitat de València, Ramiro Reig nació en Xàtiva en 1936. Estudió en el colegio de los jesuitas de Valencia. Entró en la orden y luego hizo el doctorado en Filosofía y Ciencias de la Educación en Barcelona. Es autor de Las grandes corporaciones del siglo XX, un estudio publicado recientemente por la editorial Tirant lo Blanch donde traza un recorrido histórico por las grandes multinacionales: desde los banqueros Rothschild y Morgan a Michelin, IBM, Sony y Nokia pasando por los italianos Agnelli (Fiat), Pirelli y Olivetti y sin olvidar a Ford, General Motors, Bayer, Carrefour o Coca Cola.

¿Están resistiendo las grandes corporaciones mejor que otras empresas la actual crisis?
Las grandes corporaciones también están padeciendo la crisis, pero tienen más recursos, más posibilidades de resistir, aunque sea de forma un tanto brutal, como con el cierre de factorías o los despidos masivos. Pero, indudablemente, no se está produciendo una debacle generalizada de grandes corporaciones.
Hemos visto problemas de firmas emblemáticas, como General Motors, que han estado al borde de la desaparición. ¿Cómo lo explica?
Se explica porque el capitalismo es muy dinámico y su lógica es la creación destructiva, como afirma [el economista austriaco Joseph] Schumpeter. Ello implica la muerte de algunas empresas y el nacimiento de otras. Por ejemplo, Microsoft, Intel y toda la galaxia de la informática no existían y ahora ocupan posiciones de privilegio. Hay otros casos. Olivetti ha intentado readaptarse uniéndose a Italcom, pero prácticamente ha desaparecido porque su negocio, que eran las máquinas de escribir, también ha desaparecido en la práctica. Se podrían poner otros ejemplos, como los de la primera revolución industrial. Navieras y siderurgias han quedado muy reducidas y muchas otras han desaparecido.
Las grandes corporaciones fueron protagonistas en la economía del siglo XX. ¿Mantendrán ese papel en esta nueva centuria? ¿Lo acrecentarán?
Hace unos años surgieron muchos estudios sobre el adelgazamiento de las empresas, que íbamos hacia empresas más pequeñas, con mucha capacidad de adaptación, pero, en la realidad, no se ha dado eso. Es decir, las grandes corporaciones, en los últimos años, han externalizado muchas funciones y, por lo tanto, han adelgazado en ese sentido, pero continuan siendo protagonistas indiscutibles de la economía por la razón principal de que el tamaño supone dominio de mercado.
¿Y eso qué conlleva?
Si Mercadona, por poner un ejemplo cercano, está en toda España, controla mucho más que si está sólo en Valencia. Puede imponer, de alguna forma, sus prácticas, tanto a proveedores como a clientes.
Rothschild, Morgan, Agnelli, Rockefeller, Ford. Grandes pioneros. ¿Son un producto típico del siglo XX? ¿Quiénes son sus sucesores actuales? ¿Fueron personajes irrepetibles?
Irrepetibles es muy difícil decirlo. No diría que son un producto típico del siglo XX, sino del capitalismo. Si ves los últimos protagonistas, que son los de la informática, como [Bill ]Gates o [Steve] Jobs, tienen las mismas características de los empresarios clásicos, como la ambición, el espíritu creativo, no temen al riesgo, es decir, las clásicas virtudes de los empresarios. Aparte, si desapareciera este tipo de empresarios y cayéramos en manos de especuladores, como ha sucedido en los últimos años, esto sí sería fatal. Son imprescindibles esos empresarios. No soy un ferviente admirador de los empresarios, pero el libro, con cierto ironía y distanciamiento, es un canto al espíritu empresarial, incluso con un componente un poco romántico.
¿Por qué España no ha podido tener, aunque sea uno solo, un conglomerado de esas características?
Es un tema superdebatido y nunca aclarado. Ha habido empresarios de cierta importancia, de todos modos. Yo cito en el libro a los impulsores de Saltos del Duero e Hidroeléctrica (germen de la actual Iberdrola) Juan Urrutia y José Orbegozo, que fueron dos grandes pioneros porque se arriesgaron en un negocio incierto, como era la energía eléctrica a finales del siglo XIX, y diseñaron todo un plan de electrificación del país. Tuvieron una gran visión de futuro. Es interesante comparar [a los empresarios españoles con] los tres italianos que cito en el libro: Agnelli, Olivetti y Pirelli. ¿Por qué surgen en Italia, que es un país muy parecido al nuestro, y no en España? Creo que una de las razones es que están los tres imbuidos por la mística del Risorgimento, por convertir Italia en un gran país. Esta conciencia nacional influye. Otra razón interesante es que los tres están muy abiertos al exterior. Los tres estudiaron fuera de Italia, cosa que en España es rarísimo. Enviaron a sus hijos a los Estados Unidos y Alemania. Esta conexión con el exterior es lo que les hacía tener una visión muy internacional y que sus empresas no quedaran atrapadas en el mercado italiano.
¿Hay en la actualidad en España y en la Comunitat Valenciana algún empresario que pueda equipararse con los pioneros que usted estudia en su libro?
Comparable a un [Henry] Ford o a un Gates, en la actualidad, es muy difícil que se pueda dar en España, pero hay empresarios importantes. Amancio Ortega [fundador y presidente de Inditex, el grupo de la conocida firma textil Zara] sería comparable dentro del sector de la distribución.

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