Mal empieza José Luis Olivas su segundo mandato al frente de Bancaja. Las escaramuzas políticas por el caso Gürtel han terminado por instalarse en el seno de la entidad y le han dinamitado la que presumía tranquila renovación. Y ha servido también para debilitar su propia posición como presidente de la mayor caja de la Comunitat. En estos últimos seis años, el ex presidente de la Generalitat había intentando desprenderse de su imagen de hombre de partido para proyectar un perfil mucho más institucional. Sin embargo, su asunción de las exigencias de Francisco Camps y la marginación de los compañeros de travesía socialistas, que han brindado su colaboración en momentos difíciles para la caja, dañan seriamente ese esfuerzo.
Olivas queda en situación cuanto menos difícil para pedir a partir de ahora a los demás responsabilidad —como ha hecho en el pasado— para salvaguardar los intereses de la entidad, cuando acaba de dar preferencia a los suyos propios y a los de su partido. Y por ahora no sale bien parado frente a la capacidad de negociación exhibida en la CAM, aunque la partida tampoco esté cerrada allí.
adhesa@epi.es
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