V. ROMERO VALENCIA
Discreta y profesional, Antonia Magdaleno acaba de sumar una nueva muesca a su amplio recorrido por el proceloso mundo de los concursos de acreedores. A petición de los tres administradores concursales nombrados por la juez que tramita la suspensión de pagos del grupo Marsans, acaba de recibir poderes para ejercer como auxiliar delegada del largo proceso judicial que espera a la empresa que el presidente de la CEOE acaba de vender al empresario valenciano Ángel de Cabo, experto en gestionar sociedades en crisis.
Licenciada en Derecho y premio extraordinario de fin de carrera, Magdaleno se ha convertido en una de las estrellas del despacho Broseta Abogados, donde trabaja desde 1998 tras una primera etapa en el bufete de Vicente Grima. Actualmente es socia directora del departamento de concursal procesal. A sus 41 años, casada y con un niña, ha tenido la oportunidad de conocer las entrañas de concursos de amplio recorrido tanto económico como mediático. En su lista están desde Llanera hasta Martinsa-Fadesa, que protagonizó la primera gran suspensión de pagos de España dentro del sector inmobiliario.
Valenciana de nacimiento, el caso de Antonia Magdaleno viene a demostrar que no es necesario residir en Madrid para obtener prestigio profesional en el mundo de la abogacía y la empresa. Aunque viaja a la capital de España para atender sus numerosas responsabilidades, no ha dejado de residir en Valencia. Se considera más o menos un médico para empresas en crisis, que supervisa los tratamientos de choque necesarios para tratar de dirigir su supervivencia. La lista es larga, figura como administradora concursal de más de una treintena de empresas. Y asegura que no lo hace por dinero. Aunque sus emolumentos y los de su equipo varíen desde los cuatro millones de euros hasta los 200 euros, dependiendo de la empresa.