Bruselas regaña a Alemania

El excesivo superávit de Berlín pone en riesgo la recuperación de los países agotados por los recortes

13.11.2013 | 10:53
Bruselas regaña a Alemania
Bruselas regaña a Alemania

Tras años de inflexible castigo a los despilfarradores países períféricos, la Comisión Europea, aunque parezca increible, se apresta a abrir un expediente a Alemania por tener un superávit de la cuenta corriente excesivo, según sostuvo ayer el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn. La fusta se apresta a caer sobre el alumno aventajado. ¿Cómo puede ser? Para el profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València, Vicente Pallardó, el aviso de Bruselas se veía venir porque desde 2007, cuando se inició la crisis, Berlín supera el umbral del 6% de superávit por cuenta corriente que Bruselas considera de riesgo y en su último informe semestral, el departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó por primera vez a Alemania, junto a la tradicional China, en el grupo de países cuyo elevado saldo comercial está perturbando los mercados.
La amenaza de expediente a Alemania es consecuencia del denominado Procedimiento de Desequilibrios Económicos, un informe anual por el que la Comisión Europea alerta de aquellos países cuya gestión económica está provocando peligros para el conjunto de la eurozona. A España, como a Grecia o Portugal, se les señaló por tener un déficit público excesivo y se les conminó a adoptar duras medidas de ajuste para reducirlo. Ahora le toca el turno a Berlín, porque ese elevado superávit está siendo uno de los factores clave para que los países periféricos no consigan despegar.
¿Cuál es el impacto de ese superávit?. Pallardó enumera dos ámbitos y en ninguno de ellos se trata de que Alemania reduzca sus exportaciones, sino que incremente sus importaciones. En el europeo, el problema se encuentra en que los países, como España, que acumulan altísimos endeudamientos por su alegre comportamiento en los años de la bonanza están inmersos en una dinámica muy intensiva de recortes del gasto y búsqueda del ahorro para proceder al abono de sus deudas. La demanda interna, influida por un desempleo galopante, se halla sumida en la depresión. Así que una de las principales vías que tienen para intentar salir de la crisis está en las exportaciones. Sin embargo, la mayor parte de sus ventas se dirige a sus socios europeos. Por tanto, si estos no estimulan sus propias demandas y compran más productos españoles o griegos, difícilmente estos países saldrán del atolladero. Y eso es, precisamente, lo que no están haciendo Alemania y otros países con superávit como Austria y Holanda, que también siguen una política de ahorro y contención del gasto. Como dice Pallardó, "si todos ahorramos, nadie consume y la economía se para".
Este, precisamente, es el temor que se ha generado al respecto en Estados Unidos, donde se observa con preocupación -de ahí las advertencias de su departamento de Comercio- el hecho de que la eurozona, que "antes estaba equilibrada, tenga ahora un superávit del 2,3 %, que es un porcentaje enorme tratando, como se trata, de la mayor zona comercial del mundo", apunta Pallardó antes de añadir que "las economías europeas afectadas por el déficit no pueden gastar y las que tienen superávit no quieren, con lo que el resto del mundo ha perdido mercado" y, en consecuencia, tiene más dificultades para dejar atrás la crisis. Y es que, a pesar de que hay indicadores que apuntan a una tímida recuperación, el profesor de la Universitat de València considera que aún existen amenazas de calado: "Es necesario salir de la recesión a ritmo de crucero con rapidez para evitar que un cataclismo financiero se nos lleve por delante". De ahí que se redoble la presión sobre los grandes países, como Alemania y China, que tienen saldos comerciales muy favorables.
Suecia, tras su crisis bancaria de principios de los noventa, resurgió porque pudo colocar sus productos a sus socios europeos. Las grandes reformas de la Alemania de Gerhard Schröder, como recuerda Pallardó, tuvieron un elevado coste pero coincidieron con una etapa de pujanza en los países a los que Berlín exportaba. "Así se recuperan los países en estas crisis. La demanda externa tira de la interna, las empresas exportadoras empiezan a contratar, los que han dejado el paro vuelven a consumir, crecen los servicios, se pagan más impuestos y el Estado recorta menos", afirma este experto.
Lo que Bruselas pretende de Alemania hace años que vienen reclamándolo políticos y economistas, si bien solo ahora la Comisión Europea le ha dado la forma de apremio. No es otra cosa que Berlín ponga en marcha políticas fiscales expansivas para que sus ciudadanos consuman más y los países periféricos les vendan más productos. Las medidas demandadas incluyen la introducción del salario mínimo -condición exigida por los socialdemócratas para una gran coalición con Merkel- un programa amplio de infraestructuras, mayor competencia en los servicios, reducción de impuestos y subida de salarios, aunque esta última propuesta Pallardó entiende que sería contraproducente porque mermaría la productividad germana. Por último, si este país elevara su consumo interno, contribuiría además a depreciar el euro, lo que facilitaría la penetración de los productos de los países periféricos en los mercados internacionales.



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