J. L. García, Valencia
Tras una primera fase en que la adquisición de videojuegos se ha disparado (las novedades de este año, Play Station 3 y Wii, están barriendo) el pasado viernes de puente y ayer sábado el juguete tradicional comenzó a pasar por caja. Y dentro de esta gama, los estereotipos por razón de sexo siguen presentes.
Según explicó ayer a este periódico el responsable de la sección juguetera de una gran superficie, lo del Championship Wrestling «es una barbaridad» entre los niños. Se trata de los productos de la tradicional lucha libre americana que ha recuperado vigencia a través de la programación televisiva (este año el show visitó Valencia en una plaza de Toros abarrotada dentro de la gira europea). Todos los artículos: ring, luchadores, cinturones y videojuegos estaban ayer agotados en varios almacenes valencianos.
Para las niñas el abanico se amplía. Como siempre, Barbie ocupa un lugar preeminente entre las preferencias femeninas. Este año, la versión recibe el nombre de «Princesa de los animales», con la correspondiente película anual. «El Teléfono Princesas está agotada», indicaba otra dependienta. Y las muñecas Bratz (réplica de adolescentes muy a la moda) también figuran entre las más vendidas. Se trata en todo caso de productos que cuentan con un potentísimo respaldo mediático, ya sea a través de campañas publicitarias o directamente por series de televisión o películas, indican los expertos.
Respecto a la primera infancia, hasta los tres años, todas las fuentes consultadas señalaron que el Pocoyo está siendo la sensación de la campaña juguetera. Se trata de una línea de peluches, de los de toda la vida y también de los cantan, muñecos de baño, etcétera, con vocación educativa. Por lo demás, hasta el jueves las ventas estaban siendo esencialmente
Y ante la avalancha de peticiones por parte de los niños, los padres siguen haciendo esfuerzos para ajustar la economía doméstica a la satisfacción de hijos y sobrinos. «Hay que mirar mucho», comentaba Mari Carmen mientras trataba de cuadrar el presupuesto para cuatro nietos. Un pasillo más allá, en la sección de videoconsolas, Isabel vigilaba al pequeño mientras buscaba el juego de Shin Chan. «Hay que esconderlo para que sea una sorpresa», advertía.
Otros padres, por contra, dedicaron la mañana de ayer a la primera incursión en la selva de robots, coches teledirigido