09 de diciembre de 2015
09.12.2015

Un momento cargado de futuro

08.12.2015 | 21:36

Hace unos días, el periodista Enric Juliana recordaba la composición del electorado que pudo votar en el referéndum constitucional de 1978 y cómo pesaban las generaciones que habían sufrido la guerra, personas despolitizadas a la fuerza, que aspiraban a un bienestar aunque limitado, por encima incluso de unas libertades que se atisbaban no exentas de riesgos. Como muchos de los jóvenes de entonces, no pude participar en un referéndum que exigía tener 21 años. Mi generación y las que vinieron después no hemos votado la Constitución de 1978, pero sumamos hoy más del 64% de electores el 20 de diciembre. Algunos tenemos aún memoria de lo que fue la dictadura franquista y sus privaciones. Pero a la mayoría les resulta más cercano el recuerdo del referéndum de la OTAN o los escándalos de corrupción que salpicaron el final de la época de González, las movilizaciones contra la guerra de Irak a la que nos llevó Aznar o las huelgas contra las reformas laborales de Zapatero y Rajoy. Hemos aprendido que las leyes condicionan nuestras vidas, que no basta con levantarse para trabajar o estudiar, ni esforzarse por sacar adelante una familia. Hace falta algo más que el empeño personal de superación para escribir el futuro de una sociedad en la que nadie quede atrás.

En estos años, decisiones adoptadas a veces invocando la propia Constitución, beneficiaban a los poderes económicos, se agrandaba la brecha social y se reducía la protección a los más vulnerables.

Buena parte de quienes accedimos a las instituciones el 24 de mayo hemos comprobado que las normas e instituciones actuales no facilitan la corrección de esa tendencia. Nuestra experiencia es que algo tan simple como que las administraciones no trabajen con bancos que desahucian o reducir el precio de la electricidad para familias y pequeños empresarios se convierten en tareas llenas de dificultades. Que algunas declaraciones constitucionales, son sólo eso, declaraciones y no derechos realmente exigibles. Hay viejos poderes que no han cumplido su parte del contrato y que han mejorado su ventaja mientras cientos de miles de personas perdían su trabajo, su vivienda o tenían que despedir a sus hijos camino de la emigración. Hay quienes aún en la peor de las crisis han hecho negocio a costa del dolor de la mayoría.

La sociedad actual, desprendida de los temores de 1978, demanda un cambio, un acuerdo fundacional que ponga los derechos de la mayoría en el centro del tablero, que reconozca la diversidad y articule un sistema que prime la equidad y la cooperación entre territorios, que favorezca el bienestar de quienes han puesto en pie este país y garantice el de las generaciones futuras. Quienes han levantado este país se han ganado el derecho a ser decisivos en el nuevo momento constituyente que podemos iniciar el 20 de diciembre.

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