16 de diciembre de 2015
16.12.2015

Winston (Churchill)

16.12.2015 | 00:48

Aparece de cuando en cuando como el fantasma de las navidades pasadas al rescate de políticos poco afilados, de izquierdas o derechas (sobre todo de derechas), con su inabarcable archivo de citas. Convenientemente adaptadas al titular reviven el «sangre, sudor y lágrimas», o «la democracia es el menos malo de los sistemas políticos». Da igual si alguna palabra baila en la frase, como tampoco pretendemos ceñirnos al original cuando parafraseamos «Casablanca». Lo que perseguimos es la chispa endiablada del autor, el golpe de genio, igual que la cámara superlenta indaga en un giro de muñeca de Federer. Lo que buscan los políticos cuando escarban en Churchill es aquello de lo que adolecen: el don de la ironía, el espontáneo navajazo que vuelca los sondeos y los prejuicios del electorado. El debate del lunes como muestra. Sánchez se arrimó al fuego con su «indecente» al tiempo que acorralaba al presidente, en ese punto del intercambio en el que el público espera una última genialidad para el KO. El candidato socialista, con la victoria en las retinas, corrió despavorido a refugiarse de nuevo en el argumentario. Una cámara superlenta hubiera captado la mirada furtiva a los asesores de campaña, preparados para apagar cualquier conato de Churchill en su candidato.

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