15 de junio de 2016
15.06.2016
Entre pasiones y recelos

Declaración de amor a una mantis religiosa

Los «romances» políticos expecíficamente valencianos marcan un debate con frecuentes encontronazos verbales entre los candidatos pero nunca fuera de control

15.06.2016 | 01:22
Cantó y Botella, antes del debate, junto a los presentadores, Gustavo Clemente y Julia Ruiz.

Baldoví explotó la naturalidad del vecino de confianza, incluso en los despistes; Bastidas encajó embestidas y rozó las comuniones con ruedas de molino; Botella esquivó pisar las raíces del pacto del Botànic, y Cantó reivindicó un centro político del que se vio desplazado en el debate.

­¿Quién ha ganado? Es la pregunta recurrente cuando toca debate electoral. Tocó despertarse ayer con la cuestión en la oreja tras el combate rígido como una camisa almidonada de Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera, y tocó irse a la cama con ella tras el debate de sus virreyes valencianos „disculpas al community manager por comparaciones tan viejunas„.

Hay una respuesta modelo para el caso: «El que a ti te gusta». Es la que nunca falla. Evita discusiones en el ascensor y, como diría el clásico, esconde verdades como puños. Porque en esto de las peleas dialécticas en campaña electoral pesa el sesgo ideológico del que opina más que cualquier otro sesudo factor.

En el debate de anoche organizado por Levante-EMV llamó la atención la naturalidad aplastante de Joan Baldoví „capaz de soltar un «no ni ´na´» y quedar como el vecino con el que dejarías a tus hijos en caso de necesidad„, la solvencia de formas y contenidos de Ana Botella, la resistencia a la crítica general de Elena Bastidas sin caer en la descalificación y la profesional consistencia ante el atril de Toni Cantó. Claro que Baldoví estuvo despistado también en algún momento „habrá quien diga que eso lo humaniza, como las muecas a Rajoy„, Bastidas exploró aquello de comulgar con ruedas de molino a cuenta de la defensa histórica del PP del Corredor Mediterráneo, Botella empezó su minuto de oro con evocaciones al nodo («valencianos y valencianas, estamos en un momento crucial de nuestra historia», solemnizó) y Cantó, reclamente del centro político, quedó desplazado del idem del debate por momentos.

Pero si la pregunta es quién ganó, la respuesta es «el que a usted le guste», según sus afinidades ideológicas, porque nadie perdió, entendida tal afirmación como que ninguno cometió un error soberano, de los que acompañan hasta la tumba. Perdón, hasta la urna.

Los cabezas de lista valencianos son tan buenas personas que ni hurgaron con saña en la herida popular de la corrupción. Ni el señor de los bigotes, ni su amigo del alma, ni el fraterno vicepresidente servidor del Papa, ni el exconseller de retiro penitenciario en Picassent. Ni mención a ninguno de ellos. El único damnificado fue el «conseller gourmet» y la candidata Bastidas tiró de inmediato de argumentario y sacó a pasear las momias de Chaves y Griñán. Incluso aireó al final el fantasma de Carns de Morella. No es que faltarán rifirrafes verbales, no, pero nunca se escaparon de control.

Será quizá porque la tensión electoral no es como la de Madrid. Porque Baldoví, el único que se expresó en valenciano, no es Pablo Iglesias „tanto que arrancó diciendo que él hablaba desde Compromís, frase que luego tuvo que matizar: «Y Podemos»„, y porque Compromís es socio de gobierno en Valencia, y Podem, mediosocio.

O tal vez también porque el debate paritario valenciano „a diferencia del de los superlíderes„ fue descorbatado, casi de pelo en pecho, el que dejaban ver los botones desabrochados de las camisas azul claro de Cantó y Baldoví, el mismo prediputado que amagaba unos pasos de baile para estirar músculos en el descanso. Junto a ellos, estallaba el rojo corporativo del blazer de Ana Botella.

Y frente al cruce de acusaciones entre Rivera y Rajoy la noche anterior „que si un presidente bajo sospecha, que si los pagos en negro de juventud del de Ciudadanos„, Cantó y Bastidas encontraron sus espacios de confluencia, si es que el concepto no ha quedado ya para uso privativo de los «extremistas». Los hallaron en la alerta ante el ensayo de «frente popular» practicado en el Palau de la Generalutat, ese Consell que divide y tapa su ineficacia con banderas (Cantó dixit). «Sí, somos tan radicales que hemos eliminado el copago a pensionistas», fue la réplica inmediata de Baldoví.

Pero no faltó el romanticismo, con declaraciones de amor al Corredor Mediterráneo y a la mejora de la financiación, reivindicaciones que todos sin falta llevan años reclamando, a la vista del encuentro de ayer. Incluso con amor que mata, como la mantis religiosa. Es lo que Bastidas pronosticó a los socialistas por sus amistades peligrosas. ¿No fue Ximo Puig el que dijo que estaba más enamorado que antes de Mónica Oltra?

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