19 de junio de 2016
19.06.2016

Banderas rojas en el valle de Calatrava

Los socialistas llevan su mitin al emblema de la Valencia popular y Puig reivindica la paternidad del complejo de ocio

19.06.2016 | 01:07
Sánchez, Puig y Botella durante el mitin, anoche.

Primer mitin socialista en Cacsa. El símbolo de la Valencia del PP fue ayer socialista por un día. El PSOE se llevó a Sánchez al Umbracle y hasta Puig reclamó que aquella idea de la Ciutat de les Arts fue socialista.

Si hay una imagen poderosa del cambio que se ha producido en la Comunitat Valenciana en el ultimo año esa es la del color rojo que impregnaba ayer el corazón de la Valencia popular, el complejo de la Ciudad de las Artes de Valencia.

A los socialistas se les había quedado pequeño el parque del Oeste para la cena de militantes con Pedro Sánchez y decidieron instalarse bajo el Umbracle, junto a las grandes balsas que realzan el complejo. Hace poco más de un año hubiera sido territorio vetado por completo, señalaba un cargo socialista antes de comenzar. Imposible imaginar un acto como el de anoche, con miles de banderas socialistas y alguna republicana en la Valencia de postal.

Pero, anoche, el debut de los socialistas en el valle de Calatrava congregó a más de tres mil personas. Una imagen de absoluta normalidad. Los socialistas acudieron al mitin y se quedaron después a cenar en aquel recinto. Un espacio en el que incluso el presidente de la Generalitat, el socialista Ximo Puig, no perdió ocasión para reivindicar la paternidad y el germen de la idea. «Esto lo inició un presidente socialista, Joan Lerma, lo único que hizo el Partido Popular después es que lo que iba a costar 25.000 millones de pesetas acabó costando 500.000 millones».
Y de sobrecostes a sorpasso. Porque el término italiano de moda revolotea en el ambiente socialista y se escucha en cualquier conversación con simpatizantes o cargos socialistas. Si la noche electoral los socialistas se ven sobrepasados por Unidos Podemos se abrirá un escenario inédito en la política española, con un partido nacido a la izquierda por encima de los socialistas.

Esa situación, admiten, pondría a los socialistas ante un dilema de proporciones históricas: darle el Gobierno a Pablo Iglesias o abstenerse para que gobierne el PP, un escenario que aterra por partida doble. Por eso los socialistas se aferran a su historia centenaria. «Aunque votar socialista pueda estar desprestigiado, hay mucha gente que no quiere que siga Rajoy, pero Iglesias da miedo, y mucho voto volverá al PSOE», deseaba un militante en voz alta.

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