OTR PRESS MADRID
El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón defendió ayer durante casi dos horas y media su competencia para investigar las fosas del franquismo ante el instructor del Tribunal Supremo Luciano Varela, que instruye la querella interpuesta por el sindicato Manos Limpias y la asociación Libertad e Identidad en la que se le acusa de un delito de prevaricación en relación con la causa abierta por este magistrado por las desapariciones tras la Guerra Civil Española. La comparecencia del magistrado reunió a las puertas de los juzgados a detractores y defensores del juez.
Garzón llegó en coche al tribunal a las doce y cuarto de la mañana, y a su entrada fue jaleado por una decena de representantes de las asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica. Momentos antes había llegado a la sede del alto tribunal el abogado de Garzón, Gonzalo Martínez Fresneda, quien señaló que durante la comparecencia de el juez se limitaría a contestar a las preguntas que le realizaran las partes. "Hoy es un día de hechos, no de argumentos", indicó.
Lo mismo ocurrió a la salida del juez de la sede del Supremo, pasadas las cuatro de la tarde -desde las tres menos cuarto Garzón repasó y firmó el acta de su declaración-. El magistrado fue vitoreado de nuevo por familiares de represaliados del franquismo, mientras un anciano le increpaba acusándole de "dividir a España y a los españoles".
Según fuentes de la acusación, Garzón negó firmemente haber incurrido en prevaricación alguna y se negó a contestar a la batería de 150 preguntas que llevó preparadas el abogado de las dos acusaciones populares, Jaime Alonso, y tan sólo atendió a las cuestiones planteadas por el instructor, el fiscal Luis Navajas y su propia defensa. Ninguna de las acusaciones solicitaron medidas cautelares contra el juez.
Entre las preguntas preparadas por el abogado de Manos Limpias, que fueron facilitadas a la prensa, destaca una en la que se inquiere a Garzón sobre si pretendía practicar una autopsia de cada fallecido que encontrara.
Las mismas fuentes señalaron que Garzón fue especialmente puntilloso respecto de las cuatro o cinco preguntas que le realizó el instructor Varela, y que pidió que constara en acta que algunas de ellas contenían juicios de valor.
Frente al tribunal se congregaron también numerosos curiosos que esperaban poder ver personalmente al juez así como un grupo de miembros de la Asociación de Memoria Histórica dispuestos a prestarles su apoyo, quienes irrumpieron en aplausos y "vivas" al juez cuando éste hacía su entrada al tribunal.
"Es una vergüenza"
"Tratan de sancionar al primer juez que desde la entrada de las tropas del general Franco en Madrid, en 1939, ha abierto una investigación contra los crímenes contra la Humanidad, perpetrados durante su régimen fascista", añade la nota, firmada por una veintena de asociaciones para la recuperación de la Memoria. Recuerdan en esta nota que todos ellos se autoinculparon ante el Supremo como "inductores", pues fueron quienes aportaron las pruebas para que juez pudiera incoar la causa por las desapariciones, y advierten que, si el alto tribunal sigue tramitando la querella, entenderán que también se deberá tomar declaración a los representantes de estas asociaciones.
Uno de los que acudieron a las puertas del Tribunal fue Julián Rebollo, ex concejal de IU y calificó de "ataque a la democracia" que se pretenda cercenar esta investigación y dotar de impunidad al franquismo. "Nuestros nietos deben saber que Franco fue un dictador que mató a mucha gente, y que el único juez que se atreve con este asunto es Garzón", dijo Rebollo..
En el mismo sentido se manifestaron otros miembros de asociaciones de Memoria Histórica, como Fausto Canales, que calificó de "vergüenza, e ignominia" que se pretenda procesar a Garzón por investigar la desaparición de cerca de 150.000 personas durante la dictadura.