Empieza una nueva etapa, alejada de los micrófonos y de los escaños, aunque en realidad es más bien un regreso al pasado, a la docencia.
Siempre he hecho compatible la Universidad con mi actividad como periodista, escritor y gestor cultural. Hay muchos grandes periodistas que fueron alumnos míos. Antes de ser nombrado director del Instituto Cervantes, dirigía el Círculo de Bellas Artes y era profesor de Humanidades y Periodismo en la Carlos III, exactamente igual que ahora. Estuve diez años. Me despedí del rector, que en aquel momento era [Gregorio] Peces-Barba, con la idea de volver. Regreso a mi casa, a enseñar mis materias: historia del periodismo universal, los géneros literarios, los géneros periodísticos... Para mí será mejor que estar en el Parlamento sin ninguna función, para mí era inconcebible. Nunca he dejado de trabajar y de ganarme mi sueldo.
¿Ha pensado ya si publicará un libro con sus memorias, en concreto, sobre su etapa como ministro de Cultura y lo que ha significado para usted, como hombre de letras, la política?
Creo que tengo cosas más importantes que escribir que eso, lo cual no significa que no lo pueda hacer en algún momento. Lo que tengo pensado es escribir un libro sobre el poder y la cultura, a través de Séneca, Cicerón, Platón, Kant, Spinoza... sobre cómo los intelectuales se han relacionado con la política. Es verdad que me lo han pedido muchas editoriales, pero tengo cosas que escribir antes y que me van a alegrar más.
¿Guarda un buen recuerdo de su etapa política o, en el fondo, prefiere olvidarse de los últimos años?
Yo guardo buen recuerdo de todo. Soy una persona optimista y que cree en la bondad del género humano. Tengo un buen recuerdo de la política, de estos tres años. Yo iba preparado, aunque algunas cosas sí que me sorprendieron más de lo que me esperaba, pero estoy contento y creo que a medida que pase el tiempo tendré un mejor recuerdo.