Cuando Laporta abandone la presidencia del Futbol Club Barcelona y a expensas de lo que suceda esta temporada, saldrá con un balance exitoso en lo deportivo y en lo social, pues aisló al grupo radical Boixos Nois, pese a las amenazas de muerte recibidas contra su familia. Todo ello, sin olvidar la universalización del club, como prueba su compromiso con Unicef.
Pero también son indudables las sombras derivadas de su estilo de gestión. Sus detractores le reprochan su doble moral de defensor de la nación catalana mientras se apoyaba en un hombre de confianza como su ex cuñado, Alejandro EchevarríaÉ miembro de la Fundación Francisco Franco. O los episodios donde ha aparecido el Laporta catalogado de visceral y populista, a raíz de su bajada de pantalones ante un control de seguridad de la Guardia Civil en el aeropuerto o el "¡Al loro, que no estamos tan mal!", en su discurso ante las peñas barcelonistas, tras verse acorralado por el mal final de la era Rijkaard. Sin olvidar el incidente de los espías o la reciente demanda, por despido improcedente, presentada por una antigua empleada del club y presunta ex amante. a. c.barcelona