J. MORÁN GIJÓN
Ninguno de los dos generales, Sabino Fernández Campo y Alfonso Armada Comyn, han roto el juramento recíproco que se hicieron durante una acalorada conversación telefónica en la noche del 23-F, con el Congreso tomado por la Guardia Civil del coronel Antonio Tejero y los tanques de Milans del Bosch circulando por Valencia.
Fernández Campo se comprometió a no revelar lo que en un repunte de vehemencia durante aquel intercambio le acababa de decir Armada: "Tengo el apoyo de los socialistas". Por su lado, Armada aseguró que no daría esa noche ningún paso "en nombre del Rey".
Sin embargo, el silencio sobre el apoyo del PSOE al general Armada acaba de ser quebrantado por el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, cuyo libro "Memorias II. Tiempos de construir (1980-1993)" acaba de salir a la luz.
Cuenta Pujol que a finales del verano de 1980 recibió en su domicilio de Premià de Dalt (Barcelona) a Enrique Múgica, entonces "número tres" socialista, como secretario de relaciones políticas del partido. Múgica le comentó a Pujol que el Gobierno de Adolfo Suárez debía ser sustituido por otro que encabezase un militar de "mentalidad democrática".
Múgica, Defensor del Pueblo en el presente, se revolvió el martes contra Pujol y aseguró que el relato del ex presidente catalán era "una ocurrencia inventada".
Preguntado al respecto, Sabino Fernández Campo manifestó no tener "ni idea" acerca de lo afirmado por Pujol. Lo mismo manifestó días atrás Alfonso Armada: "No sé qué decir; no sé nada".
Pacto entre generales
No obstante, el 23 de febrero de 1981, "hacia las nueve de la noche, Sabino mantuvo una larga y sustanciosa conversación con Armada. El Rey, que había hablado durante varios minutos con Armada, le había pasado el teléfono a su secretario". Lo narra Manuel Soriano en su libro "La sombra del Rey", una biografía de Fernández Campo. El general nunca ha declarado dicho libro como biografía autorizada, pero tampoco la ha desautorizado.
En dicha conversación Armada propone al secretario de la Casa del Rey que él mismo entrará en el Congreso en nombre del Rey, liberará a los diputados y propondrá un Gobierno de coalición. Entonces Fernández Campo objeta que "no sería aceptable un Gobierno que se formara bajo la amenaza de las metralletas, que no tendría legitimidad democrática". Es en ese momento cuando Armada apela al apoyo manifiesto del PSOE a un Gobierno de concentración nacional, compuesto por políticos de todos los partidos y por militares.