J. MORÁN GIJÓN
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"Sabino Fernández Campo ha sido una persona impresionante y todas las semblanzas que sobre él se han publicado son justas, pero me pregunto si para realzar su figura es necesario denigrar la de sus sucesores". El comentario sale del ánimo de Rafael Spottorno, ex secretario de la Casa del Rey (1993-2003) y actual director de la Fundación Caja Madrid. Spottorno glosaba así, en su nombre y en el de Fernando Almansa -jefe de la Casa del Rey en los mismos años- su protesta por los comentarios que evocan el Palacio de la Zarzuela como un espacio descarriado tras la salida de Fernández Campo.
Dos diplomáticos, Almansa y Spottorno, sustituyeron en 1993 a dos generales, Fernández Campo y Joel Casino. Aquella sucesión provocó un vivo flujo de interpretaciones acerca de las asperezas que había experimentado el general asturiano antes de cesar en el servicio de don Juan Carlos. En síntesis, la exégesis de aquel hecho decía que habían chocado dos concepciones de la Corona: la severa de Sabino -basada de modo particular en que el Monarca llevara vida discreta-, contra la alegre y confiada compañía del banquero Mario Conde, cabeza visible de una corte paralela que asediaba al Rey.
Parecido flujo de apreciaciones ha resucitado con el fallecimiento de Fernández Campo, el pasado 26 de octubre. Dos episodios de la vida del militar ovetense han predominado en sus semblanzas: su actuación en la noche del 23-F y su abrupta salida de la Casa del Rey en 1993. Sin embargo, Spottorno protesta, "porque la avidez de dinero y la frivolidad no entraron con Fernando Almansa y conmigo".
El cese oficial de Fernández Campo se había consumado el 8 de enero de 1993. Además de ser señalado como punto de inflexión en la Zarzuela, el hecho acaecía en los umbrales de la época más turbulenta de la historia reciente de España. Tras los fastos de 1992 -Juegos Olímpicos y Expo- se iban a acumular progresivamente los escándalos de las finanzas -Ibercorp y la "beautiful people", "caso Banesto", "caso KIO-De la Rosa"- o los de la maquinaria del Estado -"caso Roldán".
Algunos de los involucrados en dichos casos, como Mario Conde o Manuel Prado y Colón de Carvajal, habían sido asiduos de la Casa del Rey, y a sus influencias se atribuía la salida de Fernández Campo. Y llegaban dos diplomáticos más jóvenes que aquellos militares: Almansa, de 44 años, y Spottorno, de 47. Por primera vez en su vida, don Juan Carlos, que ya contaba 55 años en 1993, iba a ser asistido por personas más jóvenes que él.
La sombra de Mario Conde
Respecto a Spottorno, su apellido le acarreó en 1993 la suposición de que había sido recomendado para la Casa del Rey por Jesús Polanco, presidente de Prisa, y que Mario Conde animaba en la sombra dicha designación. Siempre Mario Conde, que se hallaba entonces en el cénit de su poder como símbolo del éxito y del rápido enriquecimiento. Y respecto a su influencia en la Casa del Rey, con los nombramientos de Almansa y Spottorno, todo el armazón parecía estar montado, pero fue un castillo de naipes.
El 28 de diciembre de 1993, el Banco de España intervenía Banesto, por un agujero patrimonial de unos 450.000 millones de pesetas. Comenzaba el itinerario judicial de Mario Conde -"caso Argentia-Trust" y demás-, que acabó dando con los huesos en prisión en dos ocasiones. La Casa del Rey, Almansa y Spottorno no se inmutan, y por ello el presidente de la Fundación Caja Madrid se pregunta hoy si "¿puede decirse que, tras la etapa de Sabino, entraron en la Casa del Rey con Mario Conde los valores del dinero fácil, la ostentación y la frivolidad?".
Spottorno insiste en que "a Sabino lo he conocido bien y elogio toda su trayectoria, pero los que vinimos detrás no fuimos un fiasco; que no se digan cosas a lo loco". Y en cuestiones concretas, "fue Almansa quien propició el apartamiento de Manuel Prado de Zarzuela". Prado, relacionado con el empresario De la Rosa, intentó alejarse de éste en 1992, pero queda enredado en el "caso Torras-KIO" e ingresa en prisión al cabo de los años.