AGENCIAS MADRID
Con 176 votos a favor, el número justo de diputados para conformar la mayoría absoluta en el Congreso que requiere la aprobación de una ley orgánica, el Gobierno salvó ayer por la mínima la Ley de Financiación Autonómica (Lofca), en un debate marcado por el Estatuto de Cataluña y las acusaciones al Gobierno de no buscar el consenso y de no tener tener suficientes recursos para el aumento de ingresos prometido. La ley salió adelante con los apoyos del PSOE, ERC, CC, ICV, Nafarroa Bai y UPN, mientras que votaron en contra el PP, BNG, CiU y UPyD (157 votos) y se abstuvieron el PNV e IU (5).
En los pasillos de la Cámara, la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, se mostró "muy satisfecha" por el "excelente resultado de la votación", si bien admitió que le hubiera gustado que más grupos "reconocieran que es un buen sistema". "Pero estoy segura que todas las comunidades autónomas lo van a aceptar", señaló.
Alarma por una ausencia
Por su parte, la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, denunció que a esta ley "le falta sentido de Estado y sentido del acuerdo y falta de voluntad" para garantizar la igualdad en el acceso a los servicios. "Se ha aprobado, a diferencia de la ley que viene a derogar, por el mínimo acuerdo posible", remachó y lamentó que el Ejecutivo haya negociado una la "ley de espaldas a la crisis" por "necesidades políticas y partidistas" con las minorías nacionalistas.
Los socialistas sabían que la votación de la ley que materializa el nuevo modelo de financiación iba a ser muy ajustada, con apenas un voto por encima de la mayoría absoluta, pero el mal rato que pasaron fue aún peor cuando comprobaron que les faltaba un diputado.
Javier Barrero, secretario primero de la Mesa del Congreso, no estaba en su escaño, y el portavoz socialista se ha percatado de ello justo cuando el presidente de la Cámara, José Bono, se disponía a iniciar la votación de las enmiendas.
"¡Falta Barrero!", se oyó claramente en el hemiciclo, mientras corría un rumor por los escaños y José Antonio Alonso se dirigía hacia la tribuna presidencial para hablar con Bono para mostrarle su extrañeza y preguntarle si sabía por qué faltaba Barrero.
El diputado estuvo en el hemiciclo del Congreso a las 9.00 horas, justo cuando empezaba el pleno, luego subió a su despacho, se indispuso y no pudo votar, según han informado fuentes socialistas.