BRAULIO FERNÁNDEZ CARDO
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Los feligreses de la localidad asturiana de Cardo quieren misa, pero a las horas que Dios, y no el cura, manda. Por eso han estado a punto de ir a una "huelga religiosa". Y es que el hasta hace poco párroco de la localidad, Jesús García González, hizo lo que nunca antes otro cura había ni siquiera osado intentar: cambiar el horario de las misas. Del tradicional domingo por la mañana, al sábado a las siete de la tarde. Consecuencia: tras varios días de tira y afloja, la Diócesis decidió cambiar al párroco y dejar el horario de la liturgia tal como estaba.
La propuesta de García González sólo tenía un problema: es a esa hora cuando las vacas, principal actividad económica de los habitantes, son ordeñadas. El conflicto estaba, pues, servido.
No es que los residentes no quisieran comulgar, es que querían el horario que estableció el anterior cura, Silverio Díaz, que permaneció en el pueblo durante casi cuarenta años hasta su reciente fallecimiento. Además, las misas a las siete de la tarde planteaban problemas para la gente mayor del pueblo, sobre todo en invierno.
Pero el principal problema era, sin duda, la incompatibilidad: o se va a misa, o se ordeñan las vacas, y en este caso la Iglesia no ha podido más que decir: "Con las vacas hemos topado".