Javier Morán
madrid
¿Qué está sucediendo en 1980 cuando usted llega a la Seguridad del Estado?
Es un año muy duro, el de mayor número de asesinatos terroristas, y no sólo de las bandas clásicas, ETA y GRAPO, sino a manos del terrorismo de la extrema derecha, que se cobran unas 30 víctimas. Ese terrorismo de extrema derecha estaba, no formalmente, ni muchísimo menos, pero sí por la vía de hecho, ligado a cuerpos y fuerzas de la Seguridad del Estado.
En 1980 ya se habla de la «solución Armada», frente al Gobierno de Suárez, y de que hay mucho ruido en los cuarteles. ¿Informa a la Casa del Rey?
No tengo ningún despacho con Sabino Fernández Campo, ni mucho menos con el Rey, en el que yo advierta de esos movimientos. A quien informo es al ministro Rosón, y le facilito un informe, pero cuando se lo doy me dice que prefiere que yo lo despache personalmente con el presidente y así lo hago. Lo detallaré en el libro.
El general Armada, para el «golpe de timón», o gobierno de concentración, cree contar hasta con el apoyo del PSOE.
Me da la impresión, por al información que tenemos de aquella época, que en la última etapa de Suárez quizá el PSOE no solamente utilizó lo que era una legitima tarea de oposición, sino que además estaba presionando y creando un clima. Sin querer decir, ni mucho menos, que estuviese propiciando ningún golpe de Estado –eso hay dejarlo claro– el PSOE buscaba soluciones dentro del marco constitucional, pero que no eran las normales sino forzando al máximo la maquinaria recién nacida del orden constitucional.
En sus recientes memorias, Pujol afirma que Múgica le habló de un militar para presidir un Gobierno de concentración.
He leído las memorias de Pujol e indudablemente da una serie de datos muy concretos sobre contactos y conversaciones del PSOE. Lo que no ha negado nadie es que hubo un informe que Múgica pasa al PSOE sobre sus conversaciones de Lérida; un informe a nivel orgánico, que pudo llegar a González o a Guerra, aunque no lo sé. Tengo a Múgica de vecino y alguna vez le digo: «Tendremos que hablar algún día de los antecedentes del 23-F», y siempre me ha dicho: «Esas cosas, mejor es dejarlas».
¿Tiene noticia Suárez de todo ello, de la «solución Armada», de un golpe, de los contactos...?
Suárez está sufriendo la traición de su propio partido UCD, que no era un partido sino una suma de intereses políticos. Todos eran jefes allí: Fernández Ordóñez, Garrigues Walker, Abril Martorell, Martín Villa, Herrero de Miñón, Landelino Lavilla... Más que tener miedo a un golpe militar, Suárez temía llegar un día al Congreso y no saber si la mitad de su grupo iba a votar a favor de una moción de censura del PSOE.
¿Cómo se crea la comisión, o Gobierno interino del 23-F?
La iniciativa no la toma el Rey ni Sabino. Se le propone a su Majestad su creación. La comisión se crea en torno a las ocho y cuarto de la tarde.
¿Que había sucedido antes?
La entrada de la Guardia Civil en el Congreso me sorprende en mi despacho, oyendo en la SER el desarrollo de la sesión parlamentaria. No habían pasado cinco minutos y me llama el Rey para recabar información. Le digo que no tengo más que la que he oído en la radio, pero añado que al oír hablar de un teniente coronel de la Guardia Civil se me va inmediatamente la cabeza a Tejero, por la información que teníamos en esas fechas. Aquella llamada no me la pasaron, sino que sonó el teléfono de comunicación con la Zarzuela y era él quién estaba al aparato.
Usted señaló de inmediato a Tejero. ¿Supuso lo mismo de Armada?
No tuve una corazonada relacionada con Armada. Hay que ser riguroso y dar a cada uno lo suyo. Quien me advierte a mí aquella noche de la peligrosidad de Armada es Sabino. Él tenía informaciones, datos, conversaciones con unos y con otros, y llega a la conclusión de que Armada está implicado.
¿Hablan de acciones para liberar el Congreso?
No llegan a estudiarse. Nosotros teníamos, a través de los gobernadores civiles, una información muy completa de lo que estaba ocurriendo en todo el territorio nacional. Una de las cosas que nos preocupaba era que, una vez acotado el problema militar exclusivamente a la capitanía general de Valencia, la continuidad del secuestro de los diputados y del Gobierno favorecía muy poco el final de la intentona. Un tema importante como el asalto al Congreso no se me hubiera ocurrido ponerlo en marcha, ni siquiera como posibilidad, sin conocimiento del Rey.
¿Cree que había dudas en La Zarzuela o se esperaba a ver qué pasaba?
Yo tengo mi verdad en relación con ese tema. La contaré en el libro.
El día después.
Hay una parte que no se ha contado y que pienso relatar con detenimiento en el libro. Es la gran información que nos suministró un equipo de psicólogos que teníamos en la Dirección de Seguridad sobre el comportamiento del grupo de guardias civiles, que no formaban parte de una unidad orgánica, sino que habían sido recogidos de unidades muy distintas. Casi con un par de horas de antelación nos dijeron los psicólogos a qué hora se podía dar el abandono de los asaltantes. Y acabaron saltando por las ventanas.
¿Las reuniones del 24-F?
Hay dos muy importantes. Asisto al Consejo de Ministros que se celebra sobre la una y media o las dos. Yo no formo parte del Consejo pero si legalmente podía incorporarme por mi condición de Secretario de Estado. Hay un intercambio de palabras por mi parte que contaré en su momento. Por la tarde asisto a la reunión de la Junta de Defensa Nacional de la que yo no era miembro, pero dadas las circunstancias de que el Gobierno había estado secuestrado, el Presidente Suárez se lo plantea al Rey y dice que asista.
¿Que sucedió en la reunión?
El desarrollo fue intenso. Aporté una de las cintas de las grabaciones y cuando el Rey la oyó se tapó la cara y se echó a llorar. Ese capítulo del libro va titulado «Yo vi llorar el rey».
¿Escuchó la voz de Armada?
Es posible.
¿Cómo se decide el arresto de Armada?
Al general Armada se le detiene el día 25. También han muerto todos los asistentes a la reunión en la que eso se decide.
Tras el golpe, ¿cuál fue su relación con Fernández Campo?
Continuaron mis buenas relaciones con Sabino. Nunca nos sentamos para aclarar determinados temas del 23-F. No sé si Sabino habrá dejado escritas sus memorias o algo sobre el 23-F. A mi me da la sensación de que no lo ha escrito porque a Sabino, como a mi y a cualquier persona responsable y que viviera muy en primera línea los acontecimientos del 23-F, le han faltado piezas; a mí también me faltan piezas del puzle.
¿Por ejemplo?
Lo que se ha dado en llamar la trama civil. Es muy difícil probar cosas y por sospechas no se puede acusar a nadie. La investigación que llevamos a cabo no dieron el resultado apetecido y no encontramos pruebas con las que acusar a una determinada persona. Después del 23-F creamos lo que se llamó una brigada antigolpe, formada por una serie de funcionarios expertos en extrema derecha. Se me decía entonces: «Coño, ¿cómo van a investigar si esta gente es de extrema derecha?, a lo que yo respondía: «¿Qué quiere usted, meter a un funcionario de extrema izquierda a investigar en ambientes de extrema derecha? Pues el primer día le dicen «majo, ¿que haces aquí».
¿Y el Cesid?
En el 23-F hay una incidencia muy grande, muy grande, de la guerra interna en el Cesid. Quizás es una de las piezas que le faltaba a Sabino y también me ha faltado a mí. En el Cesid en ese momento hay unas luchas tremendas contra Cortina, su director. Había gente, no ya conservadores, sino de la extrema derecha, que quisieron lavar su imagen y que estaban de alguna manera enredando; y si no en este golpe en otro. El famoso informe Jáudenes llegó a desaparecer. Un informe que es fruto de una serie de investigaciones y de declaraciones no figuraba en los archivos. ¿Papel del Cesid en el 23-F? Hay alguna intervención, pero no me atrevería a decir de qué manera actuaron, si se coordinaron y dónde colocaron sus piezas. Además, aquel era un ambiente de espías, y los espías, para eso lo son, te ponen por delante un señuelo, y luego te lo quitan, y aparece otro. Y lo de Cortina, con muerte de su padre, que aparece en su casa... Quiero recordar que el cadáver estaba medio quemado por un incendio que se produce, y atado. Ese es un tema clásico de ajuste de cuentas entre espías. Y Cortina sale limpio del juicio del 23-F.