EVA SANTOS MADRID/EFE
La votación en el Congreso de la nueva financiación autonómica estuvo ayer plagada de anécdotas, descuidos e indulgencias, hasta el punto de que el proyecto se tuvo que votar dos veces y finalmente, a la segunda, cosechó el inesperado apoyo de uno de sus mayores detractores: CiU.
Poco después de las diez de la mañana, los diputados presentes en el hemiciclo y también los ausentes eran llamados para votar. Diez minutos más tarde, como es habitual, se cerraron las puertas del hemiciclo. Atropelladamente corrieron por los pasillos una docena de diputados del PP y de CiU que, al parecer, habían tenido problemas con un ascensor y que no habían podido llegar a tiempo. El presidente del Congreso, José Bono, fue informado por los servicios técnicos de este episodio y, en un gesto completamente inusual, decidió que se permitiera el acceso de esos doce diputados, uno del PSOE.
Ya con todos dentro, se procedió a la votación del nuevo sistema de financiación, respaldado por 180 votos a favor, 150 en contra y siete abstenciones. Pero Bono advirtió entonces de que el resto de enmiendas del Senado sobre las que también había que pronunciarse no estaban incluidas. Estas se votaron y, tras un rifirrafe entre el portavoz del PSOE, José Antonio Alonso, y la del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, sobre la conveniencia o no de repetir la votación de la ley entera, se optó por volver a hacerlo.
Y la sorpresa se extendió por la Cámara cuando el apoyo subió de 180 hasta los 192 diputados, resultado acogido con carcajadas, aplausos, vítores y gran jolgorio por los socialistas. El PNV, que en la primera votación se había abstenido, y CiU, que se opone frontalmente a la ley, habían votado a favor, con lo que finalmente el nuevo sistema de financiación engordó su respaldo parlamentario.