Durante varios días, los tripulantes de varias embarcaciones se dedicaron a recoger del mar los objetos que tras el naufragio flotaban a merced de las olas. El barco transportaba un variopinto cargamento, desde cemento hasta quincallería pasando por cajas de vidrio, muebles, maquinaria, sifones, papel o provisiones. Una lancha con marineros armados vigilaba la zona del siniestro para evitar raterías "que al parecer ya se han iniciado, especialmente de noche". Ala vigilancia se sumó otra lancha de "los carabineros de mar."
Del vapor accidentado fueron rescatados "dos hermosos galgos valorados en 500 libras esterlinas que habían merecido premio en una exposición e iban destinados a Buenos Aires."
Durante semanas se estuvieron descargando las bodegas. Más de cuarenta hombres retiraban todos los objetos a brazo por falta de vapor en el buque naufragado. Cada día se extraían entre 35 y 45 metros cúbicos de carga y mientras en una bodega se había instalado una bomba para achicar agua, en las otras dos la descarga se realizaba por medio de buzos.
Tras un intento de poner a flote parte del barco y acercarlo a los muelles de Vigo, casi un mes después del naufragio se subastaron dos lujosos coches de la marca Humber, de seis y dos asientos, sacados ambos de las bodegas. Hubo al menos 20 licitadores y uno fue adjudicado al señor Neira por un total de 9.840 pesetas, y el pequeño al señor Bárcena por 3.300. javier mosqueravigo