Fernando Suárez

«La democracia la trajo el régimen»

Ex ministro de Franco. Ministro de Trabajo del último gobierno de Franco, Fernando Suárez González, de 76 años, rememora su paso por el gabinete del dictador, algunos entresijos de la reforma política que pretendía realizar el régimen y su paso por las Cortes democráticas y el Parlamento Europeo.

 05:30  
Fernando Suárez, en su despacho de Madrid.
Fernando Suárez, en su despacho de Madrid.  levante-emv

JAVIER MORÁN
VALENCIA
­Fernando Suárez González (León, 1933) es uno de los últimos ministros vivos del franquismo, y concretamente de la tendencia aperturista. De su papel bajo Franco y durante la transición y la democracia habla en estas «Memorias».

Carlos Arias, dubitativo. «Dejé las Cortes de Franco en 1971 y estaba en Oviedo muy a gusto, dedicado a mi cátedra. En 1973 me llama Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo, para que fuera director general de Emigración. En octubre de 1974, Carlos Arias me pidió que fuera a la Secretaría General de la Presidencia. Fue un momento de intento de apertura, porque, aquí, lo que está claro es que para mi generación política de la derecha, la democracia tenía que ser el desenlace del régimen. De vez en cuando el régimen se asustaba de la apertura y vuelta atrás. Pero Arias era un personaje dubitativo. Por una parte era consciente del tiempo en que vivíamos, de lo que pasaba en Europa. Pero luego comía con algunos históricos y se asustaba. Le decían que la apertura era «una traición a los muertos» y que volver a los partidos era volver al caos. Total, que le convencías por la mañana de una medida aperturista y luego, por la tarde, decía que tenía que reflexionar y la aplazaba»

Ministros aperturistas. «Se produjo en aquel momento la crisis de Pío Cabanillas, ministro de Información y Turismo. El régimen no entendía: una cosa era apertura política y otra que de pronto hubiera pornografía. Debió de haber un dossier muy gordo sobre revistas que publicaban pornografía y entonces le dijeron a Arias que relevara a Pío, y lo destituyen el 29 de octubre de 1974, el mismo día en que yo tomé posesión de la Secretaría de Presidencia, lo cual era una cosa paradójica. ?¿No hemos venido a ayudar a la apertura??, me pregunté. A los seis meses se fue Licinio de la Fuente del Ministerio de Trabajo y me llamó Arias. ?Presidente, es que aquí no sabemos bien lo que pretendemos; hay que decidir por un camino o por otro?. Y entonces me explicó que había conseguido del Generalísimo cesar a los ministros más reaccionarios, y que entrábamos Álvarez de Miranda, un señor excepcional; Fernando Herrero Tejedor, padre de Luis Herrero; José María Sánchez Ventura, José Luis Cerón, era la apertura dentro del sistema».

Anciano pero sentencioso. «En los meses que yo le traté, de marzo a octubre de 1975, no puede decirse que Franco no estuviera en condiciones. La cabeza la tenía completa; era un anciano, pero hacía frases cortas y sentenciosas y acertaba en casi todas. El general Franco era un personaje excepcional. Yo le llevé el decreto ley de Huelga, que casi está en vigor porque luego lo modificó Rengifo, el primer Ministro de Trabajo de Adolfo Suárez, pero no se ha aprobado una ley de huelga después de la Constitución. Nadie se ha atrevido. Pues yo, después de que Franco había pronunciado ochenta discursos contra la huelga como la causa de todos los males de la patria, fui un día con el decreto porque había que reconocer la huelga; era imposible negarla, y menos en el marco europeo, y porque estábamos en el aperturismo, por lo menos eso estaba en mi mente. Hablé una hora con Franco, mano a mano, con el texto delante. Me había leído todos los discursos suyos, donde hablaba de los inconvenientes, y estudié la fundamentación. Había garantías: el preaviso, o que no podía haber huelgas de solidaridad. Cuando acabé, me dijo: ?Ministro, contra la realidad no se puede ir?. Y el decreto ley está firmado por el Generalísimo Franco»

Las últimas penas de muerte. El terrorismo fue un drama. Franco había indultado en el proceso de Burgos, en 1970, a todos los terroristas de entonces, entre los que también había asesinos. Después de lo cual se produce el asesinato de Carrero, o la bomba de la calle Correo. Después mataron a miembros de la Guardia Civil y se aplicaron las leyes con mucho rigor. Era muy difícil no aplicarlas porque era un momento en el que a Carlos Arias lo acusaban de debilidad. Y hubo cinco ejecuciones, las últimas en España, aunque en Europa aplicó penas de muerte después Giscard, en Francia. Yo no estaba de acuerdo, eso lo sabe todo el mundo; no soy partidario de la pena de muerte. Entonces el problema era si dimites o no dimites.».

La hora de la muerte. «La Residencia de La Paz dependía de mi Ministerio, Trabajo y Seguridad Social, de modo que yo estaba a la puerta de La Paz cuando llegó la ambulancia con el Generalísimo. Yo acudía cada vez que iba la mujer, la hija o los Príncipes. Con los médicos tuve mucho contacto y el marqués de Villaverde se comportó admirablemente desde mi punto de vista. Yo no creo que él vendiera las fotos de Franco en agonía. Lo que yo presencié fue a un marqués de Villaverde dedicado a lo que le hiciera falta a su suegro. Es mentira que hubiera ensañamiento y no se le prolongó la vida. Los doctores de La Paz, muy solventes, respaldaron lo que se hacía.

Todos los nombres previstos. «Cesé en diciembre como ministro y me fui muy tranquilo a casa, pero el Rey me nombra procurador en Cortes, de modo que yo he sido el único español que ha acudido por cuatro cauces diferentes a la Carrera de San Jerónimo: procurador nombrado por el Rey, procurador familiar, procurador como ministro, y diputado demócrata en 1982. En aquel momento hubo la batalla interna del nombramiento de Torcuato Fernández-Miranda como presidente de las Cortes. Arias no era muy entusiasta de Torcuato y ahí el Rey debió de emplearse a fondo y fue un acierto, porque en esas circunstancias era más importante la presidencia de las Cortes que la del Gobierno. Torcuato organizó la Reforma Política y me llamó. Había sido profesor mío en Oviedo y era listísimo: ?Quiero que estés en la ponencia de la Reforma?. ?¿Y quiénes son los demás??. Y me dijo una frase tan maravillosa como falsa: "?Si tú aceptas, los que quieras; si no aceptas, no lo he pensado?.

Error para la reconciliación.
«No me presenté a las elecciones de 1977. Tuve ofertas para ser número uno en León por AP, de Fraga, y por UCD, de Rodolfo Martín Villa. Pero yo no sabía ir a León y decir que había que votar a Fraga y no a Rodolfo, o al revés. Para mí era todo lo mismo y me quedé en casa. Esa división fue un error: pensar que la derecha eran los ministros y el centro, los subsecretarios... Eso fue una equivocación absoluta. Los efectos fueron que la reconciliación nacional no fue entre el régimen y los que estaban fuera del régimen, sino de los modernos todos contra el régimen, y eso explica que haya hoy estatuas de Largo Caballero y no las haya de Franco. Cuando la verdad es que la democracia la trajeron el régimen y Juan Carlos, heredero y sucesor a título de Rey. ¿Es que había que pedir perdón por haber estado en el régimen? ¡Qué locura era aquélla! Y entonces ya me cabreé y me pasé a Fraga en 1979, pero no salí elegido por León. Y luego, en 1982, sí fui diputado por Madrid, número dos de Fraga, quien cuenta en sus memorias que Martín Villa no permitió que yo fuera por León».

Todos los nombres previstos.
«En la oposición di dos o tres momentos de dificultad al PSOE. Conseguí que votara con nosotros Nicolás Redondo, de UGT, contra la ley de Pensiones de González. Tuve que pedir a mi grupo parlamentario que, cuando Redondo se pronunciara en la votación nominal, no armara follón. Como oposición, éramos más serios. Rubalcaba me dijo hace poco que «con vosotros daba gusto». En enero de 1986 entramos en Europa y pedí ser eurodiputado. Me hacía ilusión que mi generación entrara en Europa. Los primeros 60 eurodiputados los nombró el Congreso. Y en las siguientes elecciones españolas Fraga decide que los que estamos en Europa nos quedamos en Europa, sin pedirnos opinión. Así que se quitó a Fernando Suárez de en medio. He tardado muchos años en saber por qué. Había presión contra Fraga por mis «ideas izquierdistas», decía la banca. Me quedé en Europa hasta que Aznar llegó e hizo la lista. Yo no pedí nada. Siempre he tenido jefes superiores a mí en algo: Fraga, Arias, Torcuato, infinitamente más importantes que yo. Pero en el caso de Aznar, no me pareció que fuera jefe para mí. Y se había producido el congreso de Sevilla, el de la refundación, en 1989, cuando sucede que el partido de Fraga era la derecha que no llegaría a ninguna parte y necesitaba a los que habían sido derrotados con toda limpieza en 1982: la UCD. No asistí a ese congreso y fue un acto de manifiesta discrepancia. A partir de ahí ya me desvinculé».

  HEMEROTECA
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO

Redes sociales

Levante-emv.com y Levante-EMV son un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de Levante-emv.com. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya